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Situación Actual
Futuro
Salud, Obesidad, e Internet 

SITUACIÓN ACTUAL 

El exceso de peso está lejos de ser un problema individual. 

Casi todos saben qué es una epidemia: Una enfermedad que ataca a un gran número de personas en una región, un país o países, con una característica: “el contagio”.

Ahora, otro tipo de epidemia, sin bacterias, sin virus, sin contagio, sin fiebre, sin mortalidad inmediata, se apodera de más del 50% de la población mundial: La Obesidad.  

A pesar de ser absolutamente “visible” (una de sus características más salientes) disimula muy bien su carácter de patología, al punto que muchos aún la confunden con una señal de salud o de normalidad, según la edad y la magnitud del sobrepeso. 

Esta epidemia es reciente, comenzó a evidenciarse luego de la revolución industrial, a principios del siglo XX, pero desde el fin de la 2ª Guerra Mundial ya había comenzado un crecimiento logarítmico. 

Tal ha sido su evolución, que actualmente la prevalencia de la Obesidad es apreciablemente más alta que la de la desnutrición.  

Para tener una idea basta citar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) la reconoce como Pandemia (epidemia mundial) y recientemente ha expresado que “hoy en el mundo hay igual cantidad de obesos que de desnutridos”; y cataloga a la Obesidad  como el problema más grave de la Salud Pública que la humanidad enfrentará en el siglo XXI.  

Según datos estadísticos de la OMS y de otros organismos de la ONU, el número de personas con hambre en el mundo viene disminuyendo desde 1980 y actualmente es de unas 1.200 millones, cifra que es exactamente igual a la cantidad de Obesos Grado II, III, y IV; pero si se incluye a la Obesidad Grado I, también llamada “Sobrepeso”, la cifra de obesos triplica a la de desnutridos.

Por primera vez en el mundo, el número de personas con exceso de peso supera al de quienes padecen hambre.
"El hambre y el consumo excesivo de alimentos representan largamente más de la mitad de las enfermedades del mundo".
 

Esto no sucede sólo en los países centrales o desarrollados sino también en los países pobres.

Por ejemplo entre los países más afectados se encuentran los de América latina, que son los que poseen las cifras más altas de Obesidad, sólo superados por USA.  

Incluso muchos sanitaristas y epidemiólogos están señalando que cada vez más la Obesidad se está convirtiendo en una enfermedad de la pobreza.
Esto se debe a que los alimentos más baratos (en base a los cereales), son precisamente los que poseen mayor contenido calórico. Esto origina la paradoja de que coexista la Obesidad con la pobreza.
 

Desde el punto de vista fisiológico, ambos extremos, obesos y desnutridos, son parte esencialmente del mismo problema: "Todos ellos son mal nutridos”.

Tanto quienes padecen hambre como quienes sufren de Obesidad, comparten altos índices de enfermedades e incapacidades, expectativas de vida disminuidas y bajos niveles de productividad". 

Estar Obeso no sólo no significa necesariamente estar bien nutrido, sino que, sobre todo en los pobres, la Obesidad suele acompañarse de desnutrición, generalmente proteica.    

Aunque la desnutrición no es nuestro tema, aprovechamos para hacer una breve clasificación de las principales entidades patológicas relacionadas con la misma: 

BERIBERI: Producido por deficiencia de Vitamina B1 (aneurina)

ESCORBUTO: Producido por falta de Vitamina C (ácido ascórbico) (marineros, prisioneros)

KUASHIORCOR: Producido por deficiencia de Proteínas (aminoácidos esenciales) y de ciertas Vitaminas (PP, A, B6 y B1); generalmente se acompaña de déficit calórico en la dieta

PELAGRA: Producida por falta de Vitamina PP (ácido nicotínico o niacina), siempre acompañada de un déficit de aminoácidos esenciales y Vitaminas del grupo B2 en la dieta

RAQUITISISMO: Producido por la falta de Vitamina D (calciferol) 

En promedio el 60% de la población adulta activa (mayor a 16 años) de occidente, tiene problemas de peso (en Argentina por ej.: es del 58,6 %), y su avance abarca también todos los segmentos etarios. 

Los niños representan un problema particular. En Francia, 1 niño de cada 7 es demasiado gordo, en Italia, 1 de cada 5 y en EEUU 1 de cada 3.

No caben dudas de que el exceso de peso en la niñez es un efecto normal a un entorno de alimentación anormal.  

El crecimiento de la epidemia es logarítmico:

El porcentaje de personas con problemas de peso en USA se incrementó del ‘80 al ‘97, 40 veces más de lo que había aumentado en las 2 décadas anteriores.

En un periodo similar en Brasil creció un 100% y en Costa Rica un 75%.  

En Estados Unidos el costo directo e indirecto relacionado con la Obesidad, representa entre el 8 y el 9 % del costo total en salud, significando aproximadamente 90 mil millones de dólares. 

En Brasil hubo un incremento de la prevalencia de Sobrepeso y Obesidad del 53% al comparar los censos de los años ‘74 / ‘75 con 1989.

Para darse idea de lo que esto representa, si hipotéticamente se continuara a este ritmo, todos los brasileños serían obesos en la primera mitad del tercer milenio. Y otro dato relevante es que el crecimiento epidémico en Brasil es predominante en las clases de menor poder adquisitivo. 

Estimaciones Norteamericanas expresan que un 40% de los adultos están en todo momento tratando de bajar de peso, más un 30% intentando conscientemente mantenerlo. 

Uno de cada 3 adultos en los Estados Unidos (incluyendo africano-americanos, mexicano americanos y otras minorías) presenta Obesidad Grado II en adelante. 

La prevalencia de sobrepeso es mayor en las mujeres a partir de los 20 años y en los hombres a partir de los 40.

En general las mujeres son mas propensas al sobrepeso, y en cuanto a razas, los africano-americanos y mexicano-americanos son mas vulnerables.

El Ministro de Salud de EEUU dijo que en 2 años la Obesidad superará al Tabaquismo y será “la 1ª causa de muerte prevenible en el mundo. 

Como mencionamos en Etiopatogenia su origen, en más de un 97% de los casos reside en un desorden alimentario, y sólo en el escaso porcentaje restante puede identificarse una entidad patológica de base, ya sea genética u adquirida, que rara vez “determina”, y que generalmente solo “predispone” a la Obesidad. 

Es crucial entender que ese desorden alimentario no es “individual” sino “social”.  

Efectivamente, su exceso de peso si bien depende de “su” desorden alimentario, es fruto de una “culpa compartida”, pues Ud. no vive aislado sino en sociedad, y es la sociedad contemporánea quien tiene desquiciados sus hábitos alimentarios. 

La disponibilidad alimentaria ha crecido mucho; de hecho hoy producimos alimentos para bastante más de los 6.000 millones de seres humanos actuales, y todavía podríamos aumentar la producción significativamente.

La falta de acceso a los alimentos necesarios de centenares de millones de personas, se debe a únicamente a razones geopolíticas y económicas, siendo este hecho lo que hace tan intrínsecamente injusta la desnutrición.

Esta mayor disponibilidad de alimentos, se compone en general de cereales, azúcares simples y grasas.

Cada vez con mayor frecuencia se observa que poblaciones enteras, que estaban adaptadas a una alimentación simple de autoabastecimiento, basada principalmente en carne y vegetales, se enferman ante esta irrupción de la dieta occidental, y comienzan a padecer Obesidad, diabetes, aterosclerosis y muerte prematura. 

FUTURO 

Es sorprendente el hecho de que en los países industrializados exista una real y activa preocupación por el ecosistema «Aparato Respiratorio-Aire» y no se haya tomado aún conciencia de la tremenda importancia del ecosistema «Aparato Digestivo-Alimento».  

La paradoja es que disponiendo de redes de supermercados y de los medios de adoptar la alimentación más sana que jamás se haya podido conseguir en la historia de la humanidad, mantengamos sin embargo un tipo de comidas muy nocivo para la salud, con exceso de, azúcares, grasas animales y vegetales, etc.. 

La explicación a esta realidad aparece como obvia: 

a) Fundamentalmente porque no estamos educados en dietética, y nos comportamos como el pequeño al que se deja suelto en una pastelería: toma en cantidad lo que más le apetece, y al día siguiente sufre las consecuencias.
Nosotros comemos y bebemos lo que nos apetece, y así son entonces las consecuencias.  

b) Secundariamente por la influencia de las Industrias Alimenticias, pues es utópico suponer que ellas vayan a dejar de fabricar productos que son dañinos para el ser humano, pues se rigen estrictamente por las leyes de mercado. 

Aún se siguen fabricando cigarrillos, y es de suponer que esto continuará al menos por varias décadas, siendo que todo el mundo conoce sus perjuicios (y hasta se encuentran indicados claramente en las etiquetas); qué puede esperarse entonces de los alimentos no recomendados para el consumo humano, que no sólo no indican su peligrosidad sino que hasta siguen promocionándose como benéficos. 

El ejemplo de la leche tal vez sea uno de los más representativos. La publicidad ha distorsionado a tal punto la realidad, que seguramente puede parecer un disparate decir que la leche vacuna no es buena.

En parte este tema está desarrollado en Alimentación en las Etapas de la Vida – Lactante, no obstante aquí agregaremos alguno conceptos. 

Los mamíferos son las únicas especies que se alimentan de leche materna, pero sólo por un breve periodo, y luego jamás vuelven a probarla porque no la necesitan. 

Que seamos los máximos omnívoros, es la cualidad que nos ha permitido adaptarnos, pero eso no significa que “cualquier alimento sea ideal para el hombre”. 

La leche, como tantos alimentos habituales promocionados como “buenos”,  no es esencial para el ser humano, y sí perjudicial. 

Percatarse de esto no es difícil, solamente hace falta “mirar hacia atrás”, hasta donde se inició el Homo Sapiens Sapiens, unas 2.000 generaciones atrás.

Si de esas 2.000 tandas de hijos, 1.500 como comieron exactamente igual, y las últimas 475 muy parecido (desde la revolución agrícola), soportando las más duras adversidades: ¿Cómo tendrían que comer las últimas 25 generaciones, como les dice la publicidad o como les dice la historia?.  

Nos dicen que los cereales son imprescindibles, cuando las 3/4 partes de nuestra existencia la pasamos sin ellos; o nos dicen que la carne y sus derivados son imprescindibles, cuando miles de millones viven desde hace milenios comiendo cereales. 

Obviamente mienten, pero “tienen que vender sus productos”, viven de eso. 

La leche de vaca está diseñada para el ternero, y el maíz para el cuervo.

Únicamente lo que no podemos comer en su estado natural es lo que está diseñado para nosotros 

Si a Usted le gusta el cereal y la leche, puede seguir consumiéndolos perfectamente, nuestra capacidad de adaptación lo permite, pero no se crea la publicidad, consúmalos porque le gustan, no porque “sean buenos para su salud”. 

Esta es la realidad de la Industria Alimenticia, pero por supuesto no puede caerse en la insensatez de colocar a la alimentación y particularmente a la Obesidad, como prioridad de la problemática mundial.

Hay problemas infinitamente más trascendentes, como el terrorismo, las guerras, el descontrolado índice de natalidad, etc. etc.. 

Además muchos factores económicos determinan que no siempre lo correcto pueda implementarse. Por ejemplo hoy se cuenta con la tecnología suficiente como para no utilizar más el petróleo y sus derivados, pero cientos de millones de personas viven gracias a esa industria, y está fuera de toda lógica pretender eliminar el petróleo, aún con su grave efecto sobre el ecosistema, sin tener la alternativa que permita a esos millones de personas seguir viviendo dignamente. 

Por esto en manera alguna pretendemos presentar a la industria alimenticia como “la mala de la película”.

Sólo el cambio en las demandas del mercado, puede lograr una reconversión, paulatina y justa de esta industria, hacia productos más aptos para el consumo humano. 

Puede parecer una paradoja que con los increíbles avances científicos y tecnológicos, no se vislumbre un futuro optimista para la Obesidad. 

La informática y las comunicaciones avanzan a un ritmo de ciencia ficción, pronto la heladera le avisará a nuestro reloj que falta leche, para que cuando vayamos conduciendo nuestro automóvil y pasemos por un supermercado, el reloj nos recuerde comprar leche.

Pero lo que nuestro reloj no podrá hacer es elegir “que leche” comprar, pues serán nuestros gustos los que opten por una leche sintética similar a la leche humana (que la ingeniería genética pronto pondrá en el mercado) , o una leche entera vacuna, diseñada por la naturaleza para el ternero. 

Es unánimemente sostenido por todas las ONG multinacionales, que el principal factor de la pobreza, y por ende de desnutrición, morbimortalidad infantil, etc., es el desproporcionado índice de natalidad y no la falta de alimentos.

Y es incuestionable también que su única solución pasa por un costoso, colosal y solidario programa de educación, que los países ricos “les deben moralmente” a los más pobres, por un criterio esencial de humanidad.   

Análogamente, el problema de la Obesidad pasa por lo mismo “La Educación”. 

Dentro de los grandes problemas mundiales, los que tienen menos relación con la educación son los más factibles de solucionar rápidamente.

La desnutrición podría razonablemente resolverse en 1 década; extinguir al terrorismo y acabar con las guerras, es incierto pero más probable aún que contener el gravísimo crecimiento demográfico, pues se trata de educación. 

Vale reflexionar que a pesar de los multimillonarios esfuerzos en campañas de prevención, las ONG apenas si han estabilizado la tasa de promedio de crecimiento mundial del Sida, pero no ha conseguido esto en los países Africanos, para los que según estimaciones se necesitarán 2 o 3 generaciones más. 

Correlativamente, la Obesidad deberá esperar su turno, aún siendo la mayor pandemia del siglo XXI. 

Esto aumentará todavía más las diferencias entre ricos y pobres respecto a la Obesidad, pues aquellos con acceso a la educación, al consumo de alimentos elaborados con tecnología que disminuya su valor calórico, a Terapeutas calificados y a los Fármacos de última generación, podrán controlar su peso si se lo proponen. Pero aquellos con poca educación, con ingresos que apenas le alcancen para alimentarse con cereales y azúcares, sin posibilidades de un tratamiento dietario farmacológico, serán cada vez más obesos, y con menos calidad y expectativa de vida.   

Además de por sí cambiar la conducta humana colectiva es una tarea ciclópea y de resultado incierto. Y si a esto le sumamos el perverso efecto de desinformación que constituye el sinnúmero de ofertas comerciales ficticias y carentes de sustento científico, que este enorme mercado ha generado, vemos que los argumentos a favor del pesimismo son mayoría. 

Esta realidad ciertamente es frustrante, pues el tratamiento efectivo de la Obesidad es sencillo, y existen  recursos dietarios y farmacológicos harto probados y efectivos. Pero todo esto se encuentra al alcance de una ínfima parte de la población.

Esto resulta en que el tratamiento global (como pandemia) sea en la práctica más incierto que terminar con las guerras, el Sida o la desnutrición.

Por ahora lo único que puede hacerse a nivel mundial es Prevención, pero tampoco se destinan recursos para ello. 

Nada hace pensar que pueda controlarse el progreso de la patología, por el contrario todo indica que seguirá creciendo descontroladamente. 

El futuro de la Obesidad como pandemia en el corto plazo es dramático, y en el mediano, angustiante. 

SALUD, OBESIDAD E INTERNET 

La inversión en salud es de 200 mil millones de dólares anuales en América latina.

El gasto per cápita es alto, pero en general está mal distribuido. 

La categoría de salud en Internet tiene perspectivas favorables en la región.

La cantidad de personas que se conectan a estos sitios está creciendo.

De los 17 millones de personas que se conectaban en 1998, pasaron a 30 millones en el 2001.
En los Estados Unidos, hay más de 17 mil sitios dedicados a la salud.
 

No obstante un estudio analizó el contenido de los 17 mil sitios médicos de USA, y concluyó en que más de 90 por ciento de esos portales contenían graves errores conceptuales, errores que podían implicar daño a la salud, mala elección o postergación de tratamientos, o burdos conceptos que nada tienen que ver con la ciencia médica actual.

La población cree que el contenido de Internet es confiable, moderno y actualizado … lamentablemente, se equivoca.  

Entre sus conclusiones este estudio sugiere al usuario que él mismo trate de evaluar la calidad de los contenidos, mediante un cierto grado de “desconfianza básica” sobre la información allí suministrada.

Uno de los problemas evidentes de la mayoría de estos Web-Site es el anonimato, en general no hay referentes ni responsables médicos del contenido.

Cualquiera con una PC y un módem puede armar un sitio de salud.

La responsabilidad de un médico debería ser exigida por algún ente gubernamental, de la misma forma que se fiscalizan las clínicas o los consultorios privados. Pero ya es sabe que esto aún es imposible de implementar en la Web.

En conclusión: No hay duda de que Internet puede transformar la salud y el bienestar de la gente a través de múltiples intervenciones, pero lo que hoy en día está disponible requiere de un mínimo marco de control para evitar que cualquiera escriba cualquier cosa y ponga en peligro la salud o la vida.