Introducción
Embarazo
Estado Nutricional Previo
Cambios Fisiológicos
Requerimientos Nutricionales
Patologías y Situaciones Eventuales
Ganancia Normal de Peso
Recuperación posterior del Peso
Inicial
Lactancia
Fisiología
Leche de Madre Vs Leche de Vaca
Influencia de la Dieta en la
Composición de la Leche
Requerimientos Nutricionales
Lactante
Desarrollo y Fisiología de su
Aparato Digestivo
El
proceso de Digestión-Absorción-Excreción: Generalidades
Recomendaciones Generales
Infancia
Obesidad en la Infancia
Requerimientos Nutricionales
Recomendaciones
Generales
Patologías Relacionadas con la
Nutrición
Adolescencia
Fisiología
Obesidad y Adolescencia
Anorexia y Bulimia
Embarazo en la Adolescencia
Tercera
Edad
Requerimientos Nutricionales
Cambios Biológicos que Afectan
a la Nutrición
Nutrición
de los Mayores en la Sociedad Actual
Recomendaciones Generales
Alimentación
y Práctica Deportiva
INTRODUCCIÓN
En
las diferentes edades y situaciones biológicas dentro de ellas,
los requerimientos nutricionales poseen características distintas,
y por ende la alimentación es también particular para cada etapa.
Aquí
no trataremos la adultez, pues sobre ella se desarrolla todo el
resto del Web-Site; nos enfocaremos sobre las características diferenciales
de las otras etapas.
Tampoco
detallaremos las diferencias de requerimientos de micronutrientes (vitaminas y minerales) en las diversas edades,
los que por otra parte y en general, no difieren mucho de los descriptos
para el adulto, que ya exponemos detalladamente en las tablas del
capítulo Nutrientes Esenciales.
También
vale recordar que nuestra especie
es la que posee mayor capacidad
de adaptación a los alimentos;
y que el habitual consejo de comer determinada combinación de alimentos
para obtener todos los requerimientos aconsejados, es utópico e
innecesario, pues el ser humano sobrevive con dietas de la más variada
índole (ver Evolución de la Alimentación).
Además
la Industria Farmacéutica ha desarrollado innumerables formulaciones
de complejos poli vitamínicos y poli minerales, que tomados en la
dosificación aconsejada, nunca producirán iatrogenia (gr. iatrós,
médico + génesis: Efectos
perjudiciales, producidos por la acción del médico o de la medicina).
Aunque
ciertamente son muy puntuales los casos que eventualmente requerirían
una suplementación con estos compuestos, con excepción tal vez de
los “antioxidantes” a partir de los 40 años.
Es
claro que son los macronutrientes quienes producen la casi totalidad
de los problemas nutricionales humanos, y en ellos nos centraremos.
En
general las personas sobre dimensionan la importancia de las vitaminas
y minerales,
y en esto la publicidad farmacéutica tiene mucho que ver.
Si
bien son esenciales para la vida, es prácticamente imposible tener
un riesgo cierto para la salud por carencia de vitaminas o minerales;
esto por supuesto en las personas con un aporte de macronutrientes
suficiente (aún sin ser variado).
Como
corolario reiteramos la sentencia Hipocrática: “No hay enfermedades sino enfermos”,
que aquí se traduciría en: “No hay edades sino seres humanos individuales
y únicos”, y
huelga decir que no todos los niños, embarazadas, ancianos, etc.,
son iguales y deben alimentarse del mismo modo.
Por
tanto los conceptos de este capítulo deben tomarse con una perspectiva
genérica.
EMBARAZO
Cuando
un embarazo es deseado y los padres poseen una instrucción razonable
y recursos económicos básicos, lo habitual es que todo vaya bien.
No
obstante, cuanta más información se tenga, mucho mejor.
En
el curso del embarazo, es sin duda donde más importancia cobra una
alimentación adecuada, tanto para la madre como sobre todo para
el feto.
Es
valioso conocer las necesidades nutricionales tanto durante como
antes del embarazo.
No
es verdad que se deba "comer por dos", ni tampoco que
sean imprescindibles suplementos de algunos nutrientes (que en exceso
eventualmente pueden hasta ser tóxicos).
Y
sí es cierto que una mala nutrición previa y durante la gestación,
puede ocasionar problemas, como partos prematuros, alteraciones
morfológicas o mortalidad fetal.
La
Obesidad, nuestro tema, puede generar graves inconvenientes, tanto
a la madre como al bebé.
Estado Nutricional Previo:
Es
en esta situación biológica donde recobra importancia la historia
alimentaria-nutricional de la mujer.
La
malnutrición aguda directamente impide la ovulación, de forma que
es imposible la fecundación.
La
amenorrea (pérdida de la menstruación) es frecuente en estos casos.
La
sub nutrición constante producto de la pobreza extrema, puede ocasionar
la pérdida de la menstruación.
También
la anorexia severa es una causa de amenorrea.
Otros
casos de malnutrición, generalmente por desconocimiento nutricional,
no alcanzan la gravedad suficiente para impedir la concepción, pero
pueden influir negativamente en el desarrollo fetal, ocasionar malformaciones
o provocar abortos.
Por
ejemplo hay investigaciones que demuestran que la carencia de determinadas
vitaminas, sobre todo de ácido Fólico, tiene influencia sobre el
desarrollo de malformaciones congénitas del tubo neural (aunque
esto es en extremo infrecuente, porque el ácido fólico es incluso
producido por la flora intestinal).
Cambios Fisiológicos:
La
duración aproximada de un embarazo normal es de entre 37 y 42 semanas,
contadas a partir del último sangrado menstrual.
Desde
el comienzo del embarazo, la mujer demanda abundancia de alimentos.
Esta
hiperfagia habitualmente se manifiesta en los dos primeros tercios
de la gestación, aunque también es normal que en las primeras semanas
la ingesta pueda incluso disminuir, debido a un estado nauseoso
y de hiperhemesis (vómitos frecuentes).
Este
hambre obedece a que el organismo inicia un proceso de acumulación
de reservas energéticas, que es característico en todas las especies
de mamíferos, para compensar las necesidades madre-hijo, y promover
un desarrollo normal de la progenie.
Esto
deviene de las diferentes adaptaciones
metabólicas y fisiológicas
que se producen durante la gestación, a los fines de una mejor utilización
de los nutrientes por parte de la madre y del feto.
Las
más importantes son:
1) Reducción del metabolismo basal:
Causa
una disminución del gasto energético materno para que el excedente
sea utilizado por el feto.
Se
produce en el primer tercio del embarazo; luego va normalizándose
debido al metabolismo anabólico del embrión.
2) Aumento de la capacidad
de oxidar los ácidos grasos de los tejidos periféricos:
Esto
aumenta la disponibilidad de glucosa proveniente de la grasa de
la madre.
Se
evidencia sobre todo en el tercer trimestre, etapa de mayor demanda
nutritiva fetal.
3)
Incremento de la absorción de
proteínas:
Tiene
como fin aumentar las reservas proteicas.
Se
manifiesta fundamentalmente durante el primer trimestre. Aún así
posteriormente el balance proteico comienza a hacerse negativo por
el consumo de proteínas en los procesos anabólicos por parte del
feto.
4) Expansión del volumen y alteración de la composición sanguínea:
El
volumen sanguíneo crece en un 50%, implicando un descenso proporcional
en los niveles de hemoglobina, albúmina y vitaminas hidrosolubles;
no obstante las vitaminas liposolubles y determinadas fracciones
lipídicas, aumentan.
Esta
característica progresa proporcionalmente al desarrollo del embarazo.
5) Alteraciones cardiovasculares y pulmonares:
Aumenta
la eficacia del intercambio gaseoso en los pulmones.
Los
requerimientos de oxígeno aumentan, generando un moderado incremento
de la frecuencia respiratoria.
La
presión arterial suele disminuir durante los dos primeros trimestres
debido a la vasodilatación, para luego normalizarse e incluso incrementarse
ligeramente en las proximidades del parto.
El
corazón sufre una leve hipertrofia con aumento de la frecuencia
del pulso.
6) Alteraciones gastrointestinales:
Aumenta
la capacidad de absorción intestinal.
Pueden
aparecer inicialmente vómitos, nauseas, y posteriormente un incremento
del apetito.
Son
frecuentes los antojos y las variaciones en las apetencias alimentarias.
Pueden
presentarse síntomas de acidez estomacal.
7) Alteraciones renales:
A
raíz del aumento del volumen sanguíneo, aumenta también el volumen
y la velocidad de la filtración renal.
8) Otros cambios generales:
Uno
de los más significativos es la ganancia de peso.
Obviamente
cualquier organismo que aumente entre 10 a 15 Kg. de peso, sufre
una serie de trastornos como: cansancio, dificultad al respirar
y para realizar las actividades físicas habituales, etc., que se
acompañan de otras alteraciones no tan evidentes, relacionadas a
las funciones cardiovasculares, pulmonares y renales, entre otras.
Puede
decirse que el organismo de la mujer embarazada padece los trastornos
típicos de la Obesidad, aunque obviamente con diferente origen.
Requerimientos Nutricionales:
Energía:
El gasto energético
total de una gestación normal oscila entre las 75.000 y 80.000 Kcal..
Esto
implica una necesidad “extra” de unas 150 Kcal. diarias en el primer
trimestre, y de unas 340 Kcal. (totales) en los dos trimestres restantes,
ya que los tejidos inicialmente formados van a ir creciendo y ganando
peso durante ambos.
Si
el aporte calórico es suficiente, durante todo el embarazo parte
de esta energía “extra” es almacenada en forma de depósitos de grasa
que tiene dos funciones primordiales: por un lado constituyen un
mecanismo de reserva frente a un posible estado de déficit energético
al final de la gestación, y por el otro serán la fuente energética
durante el mantenimiento de la lactancia (además de la correcta
alimentación diaria de la madre, obviamente).
Hidratos de Carbono:
Son
habituales los episodios de hipoglucemia, sobre todo después de
periodos de ayuno.
Se
atribuyen a que la glucosa atraviesa la placenta con mucha eficacia,
y aunque si bien el proceso de gluconeogénesis a partir de las reservas
de grasa materna aumenta durante la gestación, éste no es suficiente
para compensar la transferencia de glucosa al feto, para el cual
el organismo guarda prioridad.
También
se ha observado un fenómeno de resistencia a la insulina, que evita
una reducción aún mayor de la glucemia, ya que sería mal tolerada
por el feto.
Esta
situación de déficit de glucosa se puede solucionar distribuyendo,
con cuidado de no excederse en las calorías diarias totales, porciones
de alimentos ricos en carbohidratos durante el día.
Proteínas:
La
gestación es el proceso anabólico por excelencia.
Las
proteínas son imprescindibles para el desarrollo del feto, la placenta,
el útero, y el aumento del volumen sanguíneo materno.
Se
estima suficiente un aporte adicional de 4,7 gr. / día durante las
últimas 28 semanas para cubrir las demandas (por encima del 1 gr.
/ Kg. / día de cualquier adulto).
Este
aporte se cubre fácilmente añadiendo aproximadamente 1 ración más
de carne o su equivalente en la dieta diaria (para las madres no
vegetarianas).
Lípidos:
Durante
el embarazo aumentan los ácidos grasos libres, triglicéridos, colesterol
total y fosfolípidos, debido a cambios en el metabolismo del hígado
y del tejido adiposo.
Esto
coincide con elevadas necesidades de estos nutrientes para la formación
de las membranas celulares del feto.
En
la primera mitad del embarazo hay una tendencia al mayor consumo
de alimentos ricos en carbohidratos y lípidos.
En
la segunda mitad, se reduce la ingesta de grasas; no obstante persiste
una resistencia periférica a la insulina, y en contrapartida los
cambios hormonales favorecen la utilización de las grasas acumuladas.
Patologías y Situaciones Eventuales:
Pica:
Es
una alteración nutricional caracterizada por el deseo incontrolado
de comer sustancias sin valor nutritivo.
Se manifiesta con más frecuencia durante las etapas en que
el organismo sufre un incremento generalizado de los procesos anabólicos,
posiblemente por la mayor demanda de micronutrientes específicos para tal fin, aunque puede no
ser ésta la única causa desencadenante.
Durante
el embarazo a veces lleva al consumo de tierra, yeso, hielo, etc..
Esta
patología puede impedir la absorción de los nutrientes esenciales,
conducir a estados de malnutrición, desplazar al consumo de alimentos,
y hasta ser tóxica para el feto y la madre.
Ayuno:
Tanto
el ayuno periódico como las dietas exentas de carbohidratos pueden
conducir a situaciones de reserva de energía baja, que tienen efectos
nocivos para el feto ya que es indispensable que reciba un aporte
constante de glucosa para su desarrollo normal.
En
situaciones de ayuno, la cantidad de hidratos de carbono en el organismo
materno disminuye y se utilizan como fuente de energía los ácidos
grasos.
Este
proceso de transformación de ácidos grasos en hidratos de carbono
produce cetoácidos, residuos metabólicos potencialmente nocivos ya
que pueden atravesar la placenta y resultar tóxicos para el feto.
Por
lo tanto para evitar estos riesgos es indispensable asegurar un
aporte mínimo de glucosa en forma permanente.
Alcoholismo:
La
mayoría de los autores están de acuerdo en que el alcohol es pernicioso
para el feto.
Resulta
peligroso por su propia toxicidad, por su acción antagonista del
ácido fólico, y/o por la deficiencia nutricional que puede acarrear
eventualmente.
En
los niños nacidos de madres alcohólicas se ha descrito un cuadro
peculiar conocido como "síndrome alcohólico fetal", caracterizado
por malformaciones y retraso mental.
Tabaquismo:
En
general se admite que los hijos nacidos de madres fumadoras tienen
bajo peso.
Otos
estudios alertan sobre los peligros de la baja disponibilidad de
oxígeno, producto de la menor ligazón a la hemoglobina que éste
tiene en los fumadores, y que afectaría el desarrollo neurológico
del embrión.
También
se lo ha relacionado con ciertas alteraciones morfológicas cardíacas,
sobre todo en madres añosas (más de 35 años).
Drogas:
Los
hijos de madres drogadictas pueden nacer drogodependientes y presentar
"síndrome de abstinencia", por lo que requieren cuidados
intensivos durante los primeros días del nacimiento. Además, la
mayor parte de las denominadas “drogas duras” (heroína, ácido lisérgico,
etc.) pueden producir alteraciones fetales.
Medicamentos:
Respecto
a los medicamentos, una buena regla consiste en evitar en lo posible
cualquier medicación.
No
obstante, la seguridad farmacológica de los medicamentos actuales
es muy elevada, por lo que tomarlos en las dosis prescriptas por
un profesional calificado, no suele representar riesgos.
Suplementos
vitamínicos:
Las
altas dosis de vitaminas durante el embarazo son superfluas cuando
no peligrosas.
La
sobredosificación (hipervitaminosis) de vitaminas A y D durante
el primer trimestre de la gestación puede producir malformaciones
fetales.
Suplementos
en general:
No es necesario
comer por 2, ya que el organismo se adapta a la nueva situación
de forma natural.
De
todos los estudios realizados, se puede comprobar que no son muchas
las necesidades extras que hay que cubrir.
Es
por ello que, existiendo una alimentación correcta y suficiente,
la prescripción sistemática de suplementos nutricionales es controversial.
Ante
la duda es necesario establecer un diagnóstico correcto de la deficiencia
/ carencia (si la hubiere). La dificultad es que esto requiere de
pruebas o análisis que pueden ser molestos.
A
la hora de hacer recomendaciones de suplementos sin un diagnóstico
claro de su necesidad, hay que tener en cuenta la seguridad farmacológica
y los posibles efectos secundarios.
Muchas
preparaciones son seguras pero otras son potencialmente peligrosas
e innecesarias (sobre todo las “mono-vitamínicas” de vitaminas A,
D y C).
Además
la suplementación con un nutriente puede interferir la absorción
de otros, como ocurre con el hierro, el zinc y el cobre.
No
existe una pauta de suplementación universalmente aceptada, y en
muchos casos durante la atención prenatal y postnatal, la mujer
recibe con frecuencia suplementos que no son estrictamente necesarios.
Si
bien el embarazo se caracteriza por un aumento de las necesidades
de los nutrientes, de ellos el hierro y el ácido fólico son los
únicos que se requieren en cantidades superiores a las que puede
aportar la dieta occidental habitual.
No
obstante, la excesiva administración de hierro puede resultar peligrosa
en algunos casos, y debe reservarse a mujeres que presentan evidencia
de deficiencias.
La
suplementación con ácido fólico es opcional.
Mientras
que la suplementación con otras vitaminas y minerales, probablemente,
no tiene ningún efecto.
No
es necesario ni aconsejable reducir el aporte de sodio en un embarazo
normal.
Si
la gestante es fumadora puede ser útil la suplementación con zinc.
Vegetarianismo:
Ser
vegetariana y estar embarazada, obviamente no es incompatible, pero
es necesario prestar atención especial a ciertos aspectos de la
alimentación.
Los
productos lácteos y los huevos pueden representar valiosas fuentes
de proteínas, vitaminas y minerales, en una dieta vegetariana, pero
si no se consumen estos alimentos porque se ha decidido excluir
todo producto animal, es imprescindible asegurarse de que se obtiene
suficiente proteína (completa) vegetal procedente de otras fuentes,
como por ejemplo las legumbres y los frutos secos.
El
vegetarianismo estricto durante el embarazo, puede conducir a una
deficiencia de vitamina B12, aminoácidos esenciales, hierro y calcio,
si no se controla el aporte de estos elementos a través del aumento
del consumo de frutos secos, levadura de cerveza, germen de trigo,
germinados de soja y lácteos. Igualmente aquí sí es aconsejable
un suplemento de vitamina B 12.
Se
debe procurar incluir una buena cantidad de cereales integrales
en todas las comidas, y combinar proteínas de más de una fuente
vegetal, con una amplia variedad de verduras y frutas frescas, a
fin de favorecer la suplementación.
Si
se decide no incluir lácteos, se debe utilizar la leche y los productos
procedentes de la soja como sustitutos (si están enriquecidos con
calcio mejor).
Los
frutos secos, especialmente los que contienen hierro como las almendras,
son necesarios, pero se deben comer con moderación, puesto que tienen
un alto contenido de calorías.
Los
brotes secos de cereales o de legumbres son ricos en nutrientes
y se pueden comer todos los días.
Se
puede usar también la levadura de cerveza como condimento (es rica
en vitaminas del complejo B y minerales como el hierro o el zinc),
o añadirla a las salsas o a la sopa.
Se
aconseja también incluir alimentos con vitamina C, para ayudar en
la absorción del hierro y aumentar la resistencia a las infecciones.
Las
algas son una valiosa fuente de proteínas, minerales y oligoelementos,
aunque por su alto contenido en sodio se deben evitar cuando se
padece hipertensión arterial.
Ganancia Normal de Peso:
Un embarazo normal en una mujer con un buen estado nutricional inicial,
implica un aumento total promedio de 13,5 Kg..
Este peso se segmenta de la siguiente manera:
3,5 Kg. Neonato
0,7 Kg. Placenta
0,9 Kg. Líquido Amniótico
0,9 Kg. aumento del tamaño del Útero
0,9 Kg. aumento del tamaño de las Mamas
1,8 Kg. aumento del volumen Sanguíneo
1,8 Kg. aumento del Líquido Corporal
3,0 Kg. aumento de la Grasa Corporal
Obviamente estas son estimaciones medias, y hay que tomar en cuenta varios
factores que pueden influenciar estos valores, como el peso y la
composición corporal previos al embarazo.
Recuperación posterior del Peso Inicial:
Esta segmentación del incremento del peso en el embarazo, es una buena
noticia para las madres, ya que significa que a las pocas horas
del parto, se comienza naturalmente a “recuperar el peso inicial”.
Sin embargo no hay que angustiarse porque se tarde varios meses hasta volver
a las dimensiones previas al embarazo. Algunas mujeres lo consiguen
rápidamente (a los 2 ó 3 meses), pero en ello tienen influencia
varios factores: la constitución física, la elasticidad de los tejidos
(la natural y la lograda por ejercicios), las condiciones psico-sociales,
y sobre todo “la Instrucción Nutricional”, para saber qué y cómo
comer durante la lactancia.
El cuerpo no sólo engorda con el embarazo, sino que altera sus proporciones,
pero lo normal es que se recuperen las medidas anteriores al mismo
si se procede correctamente, sobre todo con respecto a la alimentación
posterior.
Es un absurdo
desde el punto de vista médico-nutricional, la afirmación de que
luego de un parto jamás se recuperará la figura, muy por el contrario, una mujer psico-físicamente sana
y con conocimientos nutricionales, en general “queda mucho más linda
luego de ser mamá”.
Es
probable que esto no ocurra espontáneamente, y que se deba recurrir
a un tratamiento específico; y en estos casos, los tratamientos
rara vez exceden los 2 a 3 meses, pudiendo en algunos casos requerirse
de procedimientos menores de Medicina Estética, por ejemplo para
solucionar eventuales estrías cutáneas.
Pero
en definitiva las madres tienen que tener muy claro una cosa: “Un
parto no es razón para que pierdan la figura que antes tenían”,
si así ocurre no es culpa del parto sino suya.
LACTANCIA
Fisiología:
Las
mamas se preparan para la lactancia desde la adolescencia, aumentando
el tamaño de las glándulas mamarias y el de la areola y el pezón.
Los
cambios hormonales que ocurren durante el embarazo, estimulan el
crecimiento del tejido mamario y el aumento de los conductos y los
alvéolos.
Inmediatamente producido el parto, la hipófisis materna comienza a aumentar
la producción de Prolactina, hormona que estimula las células mamarias
incrementando su absorción de nutrientes, para la producción láctea.
Los primeros días posteriores al parto, las mamas producen un fluido fino
y blanco, llamado Calostro.
La leche materna pasa por tres estadios hasta alcanzar su maduración
definitiva: el calostro, leche transcisional y leche madura.
El calostro está específicamente ajustado a las características
fisiológicas y requerimientos del neonato: hay gran cantidad de
proteínas, vitaminas liposolubles, minerales e inmunoglobulinas,
todas sustancias esenciales para el recién nacido. Es recomendable
hacer hincapié en prender tempranamente al niño al pecho, para que
pueda aprovechar sus beneficios.
La leche madura normalmente se obtiene entre los 3 a 5 días posteriores
al parto y contiene mayor cantidad de glucosa, grasa y vitaminas
hidrosolubles, esenciales para los procesos metabólicos del niño.
El mecanismo del amamantamiento es generado por el lactante mediante la
succión: es el estímulo nervioso que desencadena todo el proceso.
Una madre de mellizos produce el doble de leche, explicado por la
doble estimulación que recibe la glándula al prender a sus dos hijos.
La succión del pezón envía impulsos sensoriales al hipotálamo, que indica
a la hipófisis la producción de determinadas hormonas. La prolactina
estimula la secreción láctea y controla la cantidad de leche producida
en los alvéolos. La oxitocina
estimula la contracción de los conductos alveolares para la
expulsión del producto hacia el pezón.
Todo este proceso es muy veloz, dura entre 30 y 60 segundos.
Este reflejo de "parada" y "marcha" es disparado fácilmente,
a menudo el mismo sonido del llanto comienza a estimular el reflejo.
De todas formas, el stress puede interferirlo.
Cuando el bebé deja de succionar, la producción de leche cesa en 1 ó 2
semanas.
Leche de Madre Versus Leche de Vaca:
La
lactancia es un período de la vida en el que la madre ofrece al recién nacido un alimento cualitativa y cuantitativamente
adecuado a sus necesidades, "la leche materna".
La
leche materna es una sustancia que contiene los macro y micronutrientes
en las proporciones “justas” para el neonato y bebé humano.
El
bebé humano necesita la leche de su madre humana, y no de una “nana”
vaca.
No
son pocas las propiedades que difieren entre una y la otra, con
el valor agregado del vínculo afectivo que se establece a través
de la primera. No las detallaremos en función de que exceden el
marco específico de nuestro sitio, lo que sí recalcamos es que las
cualidades son incuestionablemente diferentes e incomprensiblemente
poco tenidas en cuenta cuando se toma la decisión del no amamantamiento
o de interrumpir su práctica.
Basta sólo comparar un bebé con un ternero
para darse cuenta de que no están diseñados por la evolución para
el mismo alimento.
En
los años ‘50, la Industria Alimenticia produjo un espectacular impacto
publicitario, que llegó a instalar socialmente la creencia de que
las leches en polvo (obviamente vacunas) adicionadas con un sinnúmero
de nutrientes, eran hasta mejores que la leche de madre.
Tan eficaz fue esta campaña, que aún hoy
la mayoría de las madres prácticamente ni se preocupan si sus hijos
no toman su leche.
La medicina ha demostrado hasta el hartazgo
la barbaridad de este concepto.
Afortunadamente la genética está pronta
a poner a disposición del mercado, leches “humanas” fabricadas por
vacas genéticamente alteradas.
Nota: Este es un claro ejemplo de que es más fácil que los avances científicos
solucionen la mala alimentación y descontrol alimentario, que esperar
la utopía de que la humanidad cambie sus conductas alimentarias
por voluntad propia basada en una conciencia de salud.
No
importa si la leche es hecha en un laboratorio, o sale de una vaca
o una rana, lo que vale es que tenga las mismas características
que la leche de madre, lo que “jamás” tendrá ni cerca, la leche
de una vaca normal.
La
leche vacuna tiene un enorme contenido graso, y allí radica una
de las razones por la que nos gusta tanto: “la grasa”. Por lo general
todo lo que contiene grasa es agradable al paladar, porque es el
mismo paladar que tenían nuestros ancestros de hace cientos de miles
de años, que no comían todos los días como nosotros, por lo que
un alimento graso era muy valioso.
Esto
no implica que se tenga que dejar de tomar leche de vaca (el ser
humano puede comer casi de todo), pero porque esté tan difundida
y promocionada por las industrias, tampoco significa que sea el
mejor alimento.
Ya
nadie cree que porque en una publicidad le digan que tal o cual
es el mejor producto, lo sea en realidad; bien, no lo crea tampoco
de la leche y de muchos otros alimentos; piense que en definitiva
para las industrias que los hacen son “productos”, ni más ni menos
que como esa procesadora de alimentos o teléfono celular que promocionan
diciéndole que “le van a solucionar la vida”.
La leche diseñada por la evolución para
un ternero, nunca va a ser igualmente buena para un ser humano;
apenas lo alimentará y lejos de lo ideal.
Influencia de la Dieta en la Composición de la Leche:
La
lactancia se prolonga naturalmente por varios meses, y obliga a
una adecuación de la dieta de la madre lactante, para cubrir de
forma óptima sus necesidades y las del recién nacido.
La
calidad de los alimentos consumidos por la madre inciden directamente
en el volumen y composición de la leche, sobre su salud, y la del
lactante.
La
alimentación de la madre debe evolucionar en calidad y cantidad
paralelamente a las variaciones de los requerimientos nutricionales
del lactante, teniendo en cuenta el tipo de lactancia que se lleva
a cabo (exclusiva o mixta con leche vacuna).
La
secreción de leche aumenta la demanda de nutrientes de la mujer
que amamanta, debido a que parte de los que obtiene mediante la
ingesta, se destinan a la producción de este alimento.
Además
hay que tener en cuenta que la demanda de nutrientes no es homogénea
y varía tanto cualitativa como cuantitativamente a lo largo del
tiempo, en concordancia directa con los requerimientos del niño.
La
producción de leche depende de la frecuencia y volumen de las mamadas.
Si
un bebé mama frecuentemente pero no llega a vaciar los pechos, sus
glándulas producirán menos cantidad para la próxima vez porque no
han sido totalmente vaciados.
En
cambio, si se vacían totalmente la producción aumenta, ya que así
el cerebro recibe la información de que el bebé necesita más alimento.
Se
sabe que la cantidad de ácidos grasos de la leche es el fiel reflejo
de la cantidad ingerida por la mujer que amamanta.
Ocurre
lo mismo con los niveles de selenio, yodo y algunas vitaminas del
grupo B.
La
cantidad de proteínas que contiene la leche puede verse afectada
si la madre está desnutrida.
Los
demás nutrientes parece que se mantienen constantes y son independientes
de la dieta.
La
Composición de la leche materna es la siguiente:
| |
Nutriente |
Cada 1000 ml. |
| |
Energía |
700
Kcal. |
| |
Proteínas |
10,5
gr. |
| |
Grasas |
70
gr. |
| |
Carbohidratos |
45
gr. |
| |
Vitamina
A |
670
mcg. |
| |
Vitamina
D |
0,6
mg. |
| |
Vitamina
E |
2,3
mg. |
| |
Vitamina
K |
2,1
mcg. |
| |
Vitamina
C |
40
mg. |
| |
Tiamina |
0,21
mg. |
| |
Riboflavina |
0,35
mg. |
| |
Niacina |
1,5
mg. |
| |
Vitamina
B6 |
0,09
mg. |
| |
Folatos |
83
mcg. |
| |
Vitamina
B12 |
1
mcg. |
| |
Calcio |
280
mg. |
| |
Fósforo |
140
mg. |
| |
Magnesio |
35
mg. |
| |
Hierro |
0,3
mg. |
| |
Zinc |
1,5
mg. |
| |
Yodo |
100
mcg. |
| |
Selenio |
20
mcg. |
 |
 |
 |
Requerimientos Nutricionales:
Al
igual que durante el embarazo en el periodo de la lactancia, determinar
las necesidades y requerimientos de nutrientes en la madre o el
niño no es fácil.
La suplementación calórica varía según
la presencia del depósito graso formado durante el embarazo.
Para una mamá con suficientes reservas grasas, una dosis de energía extra
para su dieta de unas 550 Kcal. será suficiente. Para aquellas que
no tengan este depósito (porque han aumentado poco o menos de lo
esperado) será necesario un incremento de 700 Kcal. aproximadamente.
No obstante, más allá de los valores es importante en esta etapa dar prioridad
al instinto y al bienestar materno; nadie más que ella conoce su
organismo y ante la sensación de apetito no debe dudar en alimentarse.
Una vez llegada a su fin la lactancia podrá recuperar fácilmente
su peso de todas formas.
Una madre lactante
en teoría puede comer todo lo que habitualmente comía.
Es posible que algunas mamás sientan la necesidad de evitar ciertos alimentos
en este periodo porque perciban que no les caen bien, y en ese caso
deben seguir su instinto.
Es importante
asegurar un abundante aporte hídrico.
Es necesario porque el agua constituye la base de la composición de la
leche y además para mantener la hidratación de la madre. Toda vía
de incorporación de líquidos es útil para cubrir este requerimiento,
tanto las bebidas habituales que la madre está acostumbrada a consumir
como un buen aporte de frutas y verduras (adecuado a la tolerancia)
que suelen representar una fuente apreciable de líquido.
Sí es aconsejable aquí evitar las bebidas estimulantes como el café, té,
y gaseosas, pues pueden eventualmente disminuir la producción láctea.
Y por supuesto el alcohol, el cigarrillo, drogas estimulantes pero sobre
todo alucinógenas, así como la toma de medicamentos innecesarios.
De todas formas son pocas las sustancias que pasan a la leche. Nuestro organismo, como el de todo ser
vivo, está diseñado para “asegurar la continuidad de la especie”, y por ello aún madres
severamente enfermas, producen leche útil para el bebé.
Los únicos preparados farmacológicos pertinentes para la madre lactante,
son los suplementos de vitaminas y minerales, el resto de los medicamentos
eventualmente necesarios, debe ser prescriptos por el médico tratante.
LACTANTE
Consideramos
aquí la alimentación del recién nacido hasta los 12 meses de edad.
Desarrollo y Fisiología de su Aparato Digestivo:
Desde el nacimiento, el aparato
digestivo del lactante y su metabolismo están adaptados para la
leche materna; durante el transcurso del primer año de vida se produce la maduración
orgánica (fundamentalmente enzimática)
que permitirá metabolizar los diversos alimentos.
Boca: Su única función es la succión. La producción de saliva
es escasa, por lo tanto hay poca actividad de la amilasa salival
y no existe digestión bucal propiamente dicha.
Esófago: Su tonicidad y motilidad son deficientes. Se suele presentar
reflujo gastroesofágico, que es fisiológico y transitorio, hasta
que las ondas peristálticas del órgano adquieren la intensidad suficiente
para impedirlo.
Estómago: La mucosa y las glándulas gástricas están suficientemente
desarrolladas, pero es deficiente el desarrollo de la musculatura.
Suele presentarse distensión y movimientos peristálticos muy débiles,
que sólo se evidencian como un obstáculo al vaciamiento gástrico.
La permeabilidad de la mucosa puede ser mayor y llegar a absorber
proteínas enteras.
El jugo gástrico es alcalino inmediatamente después del nacimiento, pero
en 1 a 2 horas ya se acidifica y adquiere una acidez mayor que la
del adulto (pH 3 a 4), esta transición puede impedir una adecuada acción
de la pepsina para digerir las proteínas, lo que sumado a la mayor
permeabilidad para absorberlas puede ocasionar alergias a las proteínas
lácteas.
Intestino delgado: La mucosa está bien desarrollada, pero su capa muscular
no.
Se presentan movimientos peristálticos y de segmentación algo anárquicos.
El Jugo Intestinal
está
bastante desarrollado, especialmente en la parte terminal.
Jugo pancreático: En el recién nacido es escaso. Desde el tercer mes comienza
a secretarse la amilasa pancreática, pero recién alcanza la concentración
óptima hacia el sexto mes, conjuntamente con la de la lipasa pancreática,
lo que posibilita la digestión de una gama más variada de carbohidratos
y lípidos en las porciones proximales del intestino.
Bilis: En el lactante hay una hiposecreción, que
es fisiológica. Por ello la emulsión de las grasas y la consecuente
absorción de los ácidos grasos de cadena larga, colesterol y vitaminas
liposolubles, está disminuido.
Esto no ocasiona
problemas cuando el lactante es alimentado con leche materna, pues
ella contiene un bajo contenido en grasas y además una enzima lipasa
específica, que compensa este déficit funcional para optimizar el
aprovechamiento de los ácidos grasos y vitaminas liposolubles. Pero
los bebés que son alimentados con leche vacuna, aún con las de nuevas
fórmulas, pueden padecer de dificultades digestivas.
Intestino grueso: Este segmento también está aún inmaduro, y es
probable que se presenten movimientos peristálticos y segmentativos anárquicos con posibles
fenómenos fermentativos y de putrefacción.
El proceso de Digestión-Absorción-Excreción: Generalidades:
La digestión es algo más rápida en el lactante: La leche pasa al intestino
después de unas 2 a 2 y ½ horas de haberse ingerido; y a las 2 ó
4 hs ya se ha producido la digestión completa de la mayoría
de los nutrientes.
La digestión y absorción de proteínas está bien desarrollada, incluso
en el prematuro. No obstante, recién
hacia el sexto o séptimo mes el pH
del ácido clorhídrico se equilibra y disminuye la permeabilidad
de la mucosa a las moléculas grandes, lo que permite una mejor digestión
de las proteínas en general.
En el lactante se requiere un aporte de entre 2 y 3,5 gr. de proteínas
por kilo de peso por día.
La digestión y absorción de hidratos de carbono no está disminuida
en el lactante normal, excepto la de lactosa, que no se absorbe
por completo al principio.
La lactasa es una enzima que madura tardíamente durante la gestación, alrededor
del tercer trimestre, y alcanza su máximo desarrollo al mantener
la lactancia durante unos días, su secreción responde a un mecanismo
de causa-efecto, por lo tanto se mantiene activa mientras se prolonga
la incorporación de leche. Es frecuente que comience a desaparecer
parcialmente hacia la edad escolar, por ello los niños pueden intentar
abandonar el consumo de leche debido a posibles síntomas de intolerancia.
Los hidratos de carbono se colocan en segundo orden de importancia en el
metabolismo del lactante, no obstante son vitales teniendo en cuenta
que sin glucólisis no hay crecimiento.
El lactante necesita entre 10 y 12 gr. / Kg. / día de carbohidratos.
Las grasas se absorben por un mecanismo algo más complejo, pero bastante
eficiente (se absorbe cerca del 80% de la grasa ingerida).
Se digieren por efecto de las lipasas linguales y de las contenidas en
la propia leche materna, ya que no se encuentra bien desarrollada
la pancreática.
Las grasas de la leche contienen ácidos grasos de cadena corta, mediana
y larga.
Los de cadena corta y media, más hidrofílicos,
son absorbidos por la pared intestinal y pasan a la vena porta,
mientras que los de cadena más larga se disuelven en micelas
gracias a la emulsificación biliar (que
los primeros meses es escasa) y pasan a los vasos linfáticos.
Las grasas son muy importantes ya que aportan energía al recién nacido,
además son necesarias como vehículos de las vitaminas liposolubles.
El lactante necesita aproximadamente 4 gr. /Kg. / día de grasas.
Las sales minerales son imprescindibles para
el crecimiento, intervienen en todos los metabolismos intermediarios,
participan en la formación de huesos y dientes y en menor proporción
en la de todas las estructuras orgánicas, formando parte de algunas
coenzimas y hormonas.
Los requerimientos de vitaminas son muy elevados en el lactante,
esto se debe a la intensidad de su metabolismo (predominantemente
anabólico) y a que sus depósitos son escasos.
El balance hidro-electrolítico se mantiene con un
equilibrio muy exacto.
En el recién nacido el 80% de su peso es agua, unos días después del parto
comúnmente se presenta un descenso de peso por pérdida de esta agua.
El lactante posee gran movilidad del recambio hídrico, y al mismo tiempo
una baja capacidad renal de filtración y concentración de la orina.
En consecuencia tienen mayores requerimientos de agua para prevenir
la deshidratación (que tiene márgenes bastante estrictos) y eliminar
con eficiencia los residuos metabólicos.
Alrededor del cuarto mes los riñones alcanzan mayor maduración funcional
y desde entonces el lactante está en condiciones de adaptarse
a variaciones más amplias en la dieta.
Después del periodo de eliminación del meconio (heces neonatales - primeras
48 hs.), las heces toman determinadas características dependiendo
del tipo de leche que se esté ingiriendo.
Si está alimentado con leche humana las heces tienden a ser amarillentas,
pero si es alimentado con otras leches son más pálidas.
Recomendaciones
Generales:
La lactancia materna mejora el estado digestivo y metabólico del lactante,
mejora su estado nutritivo, posee mayor protección inmunológica,
hay menor riesgo de sensibilización alérgica y mejora su evolución
psicológica.
Los bebés no tienen horarios rígidos para alimentarse ni cantidades preestablecidas
para cada toma.
La leche materna se digiere rápidamente pues está hecha especialmente para
ellos.
Una vez que su estómago está vacío, el bebé puede pedir en cualquier momento.
Sobre todo en los primeros 2 meses de vida, es común que quieran
mamar cada 1 y ½ ó 2 horas; esto es absolutamente normal y representa
entre 12 y 16 mamadas por día.
La modalidad que se considera más adecuada para regular la alimentación
del lactante es “a libre demanda”, lo que implica darle el pecho
cada vez que el bebé lo solicita.
Esto no está significando que "se quedó con hambre" la vez anterior,
sino que volvió a tener hambre, lo cual es lógico porque su estómago
es muy pequeño y se vacía rápidamente.
Los bebés que toman biberón con leches vacunas, piden cada 3 ó 4 horas,
pues ésta es más difícil de digerir y permanece más tiempo en el
estómago.
Los primeros
seis meses:
Darle de mamar en cuanto nazca (antes de la primera hora).
Darle de mamar cada vez que pida, tanto de día como de noche.
Darle solo pecho, ningún otro líquido.
Si el bebé está subiendo bien de peso (17 o más gramos por día), se desarrolla
bien, está activo, puede tomar sólo pecho hasta el sexto mes, sin
introducir otros alimentos.
Si el aumento de peso no es satisfactorio, se deben descartar las siguientes
causas:
* Toma pecho pocas veces por día.
* Se prende mal al pecho
y no succiona bien.
* Madre agotada, se alimenta
mal.
* Madre nerviosa, tensa,
preocupada.
También puede ocurrir que el bebé padezca alguna enfermedad.
Introducción
de otros alimentos:
Después de los 6 meses se puede iniciar la introducción de otros alimentos
además de la leche materna.
Antes y después de darle de comer se debe darle el pecho.
Tener en cuenta que cada niño tiene su propio ritmo, es decir que algunos
se entusiasmarán desde el sexto mes con otros alimentos, mientras
que otros tardarán aún varios meses en aceptar de buen agrado comidas
con sabores diferentes a la leche de su madre.
Para todos, el pecho sigue siendo en esta etapa la principal fuente de
alimentación.
Mientras el
bebé tome pecho, no necesita tomar otro tipo de leche; y mientras
él succiones el pecho éste no dejará de producir leche.
Los alimentos a introducir paulatinamente en la dieta deberán ser seleccionados
de acuerdo a las posibilidades locales, costo, calidad y época del
año, siempre supeditado, lógicamente, a la etapa de evolución orgánica
del niño.
No se aconseja el empleo de alimentos enlatados o que contengan conservantes.
A los 12 meses de edad el bebé ya puede estar comiendo una dieta similar
a la de su familia.
Cuánto tiempo
amamantar:
Las últimas
tendencias científicas, aconsejan una lactancia prolongada, aún
de hasta de 2 años
(nunca menos de 1), entre otras cosas porque hasta esa edad:
* La leche materna sigue siendo un buen alimento para el bebé.
* La leche materna todavía protege al bebé de algunas enfermedades.
* La leche de materna contiene micronutrientes específicos para el desarrollo
neurológico e intelectual del bebé.
* La lactancia materna cumple una trascendente función en el desarrollo
psicológico. Para un bebé es tan importante el vínculo que la lactancia
establece con su madre, como su función puramente nutritiva.
Esta recomendación está harto justificada por los motivos detallados, no
obstante es importante que la prolongación de la lactancia no sea
motivo de impedimento para la incorporación de los restantes grupos
de alimentos desde el sexto mes aproximadamente, ya que a partir
de esta edad comienzan a ser necesarios para el niño.
Destete:
Debe idealmente partir de un “acuerdo” entre la mamá y el bebé.
Y también debe ser un proceso gradual, no “de golpe”. El destete abrupto
trae consecuencias perjudiciales tanto al bebé como a la madre.
INFANCIA
Alimentar
adecuadamente es más que proveer de los
alimentos suficientes para el crecimiento corporal.
En
una selección adecuada de los alimentos intervienen:
*
Las eventuales intolerancias alimentarias
del niño
*
La situación socio-familiar
*
Los hábitos y costumbres del entorno
*
La educación y nivel cultural
A
esto hay que añadir:
*
El momento fisiológico del niño (estado evolutivo anátomo-fisiológico)
*
Posibles situaciones especiales (como preoperatorios, tratamientos
médicos, etc.)
*
Estación del año
*
Periodos de mayor y menor actividad física o psíquica
*
Etc..
Esta
variedad de factores eventualmente hace pertinente la suplementación
nutricional o la modificación de la dieta habitual.
Las
necesidades nutricionales están
condicionadas por el crecimiento y también por la exigencia de acumular
reservas para la pubertad.
Las
necesidades energético-proteicas son elevadas, en general más elevadas
que las de los adultos.
Los
niños tienen más riesgo de sufrir malnutrición debido a sus escasas
reservas, también son más proclives a la deshidratación y alteraciones
digestivas, debido al insuficiente desarrollo de hábitos alimenticios
e higiénicos. Por ello se debe insistir en su incorporación desde
temprana edad.
Las
secuelas de una malnutrición (especialmente en la primera infancia)
pueden arrastrarlas durante toda la vida.
Las
secuelas originadas en la desnutrición, como las deficiencias óseas,
musculares o neurológicas, son por todos conocidas; pero actualmente la principal
secuela de una “malnutrición”,
y tal vez la más grave, es la Obesidad.
Obesidad en la Infancia:
Un niño gordo no es un niño sano.
En
pocas etapas como en la niñez, la Obesidad es tan nociva.
Ser gordo para un niño es un estigma social
muy grave:
*
Estudios internacionales han determinado que un niño obeso es más
discriminado que uno ciego, parapléjico, o con alguna deformidad
facial.
*
Se ve impedido física y psicológicamente, de adoptar hábitos deportivos,
por lo cual difícilmente los tenga en su vida adulta.
*
Impacta catastróficamente sobre su autoestima, disminuyendo notablemente
sus perspectivas de realización social y laboral.
Pocas
patologías pueden afectar más la vida de un niño que ser gordo.
En
la Obesidad infantil puede identificarse claramente el factor responsable:
Los Padres
Los
padres son, salvo puntuales excepciones, los únicos responsables
de que sus hijos enfrenten este desequilibrio.
Pueden
esgrimirse muchas excusas, que en definitiva no tienen valor práctico,
tales como:
*
Ignorancia
*
Falta de tiempo
*
Problemas de pareja, Divorcio
*
Etc., etc..
Aunque
ocasionalmente algunas de estas circunstancias conformen una justificación
razonable, esto no evitará que los niños paguen sus consecuencias.
El
principal problema de la Obesidad infantil es que, aún increíblemente,
muchas familias la consideran como un síntoma de “salud”, y para
cuando se percatan de la gravedad del cuadro, generalmente suele
ser muy tarde.
Más
del 60% de los niños obesos lo serán también de adultos, teniendo
menos posibilidades de desarrollo profesional y social, y menos
expectativa y calidad de vida.
Este
falso concepto que relaciona gordura con salud, es todavía más habitual
durante el primer año de vida. Es común que los padres se alegren
de tener un “bebé gordito” y se preocupen si ocurre lo contrario.
Y
precisamente la concepción correcta es la inversa, lo más importante para pronosticar
la Obesidad futura, es el peso del niño a los 12 meses.
Si
un niño al año se encuentra dentro del valor central del percentilo
de peso, difícilmente sea obeso de adulto.
Ocurre
que es muy habitual el abandono precoz de la alimentación con leche
materna y la incorporación de leche vacuna, junto a una gran variedad
de otros alimentos, muchos de los cuales constituyen una verdadera
aberración para un bebé (como las golosinas, postres elaborados,
helados, gaseosas, zumos frutales endulzados con azúcar o miel,
etc.).
Que
se abandone precozmente la alimentación materna es un problema,
pero que no necesariamente debe desembocar en una Obesidad al primer
año si este destete se realiza en forma criteriosa.
El
término de Obesidad en el lactante suele generalmente pasarse por
alto, por considerar que la Obesidad no es una patología de esa
etapa.
¡Nada
más lejos de la realidad!, por el contrario la Obesidad en el lactante (y
en el niño), son determinantes de la Obesidad del adulto.
Requerimientos Nutricionales:
Energía:
La
energía en la infancia se requiere no sólo para cubrir el metabolismo
basal y la actividad física (como en el adulto), sino también para
sustentar la tasa de crecimiento, que tiene un elevado coste energético.
Se
recomienda que las calorías procedan en un 50-60% de los hidratos
de carbono, no más de un 25% de las grasas, y un 20-25% de las proteínas
para asegurar los procesos anabólicos.
Proteínas:
Las
deficiencias proteicas no son frecuentes en las sociedades industrializadas,
probablemente debido al énfasis que se hace en el consumo de alimentos
ricos en estos nutrientes.
En
este nivel socio-económico, los únicos que eventualmente pueden
tener riesgos de deficiencias proteicas, son aquellos niños sometidos
a restricción estricta, como niños vegetarianos, o los que sufren
de alguna patología que limita la alimentación.
En
las sociedades pobres, obviamente la situación es diferente, manifestándose
aquí el ejemplo más palpable de las consecuencias de la carencia
proteica.
Vitaminas y Minerales:
Son
necesarios como en todas las etapas, pero es altamente infrecuente
que se produzca una deficiencia de micronutrientes sin que se acompañe
también de algún grado de desnutrición por alimentación insuficiente
de macronutrientes.
La
suplementación moderada con complejos polivitamínicos y poliminerales,
es prudente si se la requiere.
Recomendaciones
Generales:
Alimentar
a un niño es ligeramente más complejo que hacerlo con un adulto;
pero pragmáticamente mucho más sencillo, pues “el niño come lo que le dan”, sobre todo los primeros años.
El
problema es que la mayoría de la
población es “analfabeta nutricional”, ya que, como desarrollamos
en otros capítulos, la Nutrición inconcebiblemente no forma parte
de ningún programa educativo.
No
sabemos comer nosotros los adultos, mucho menos alimentar a un niño.
Sin
embargo la nutrición es como el “Nudo
Gordiano” que cortó Alejandro Magno. Parece un tema muy intrincado, y sin embargo puede “cortarse de un solo
golpe”.
Ese golpe puede darse fácilmente cuando
se comprende la Evolución
de la Nutrición Humana.
La selección de los alimentos para cada
comida:
De
no existir impedimentos de orden económico o religioso, debe acostumbrarse al niño, progresivamente,
a comer de todo, que en su justa medida y periodicidad nunca
le traerá problemas.
En
teoría el instinto natural “de especie”, debería hacer el resto,
pero el ser humano es la especie omnívora más electiva que existe,
y los patrones alimentarios de la familia marcarán al niño para
toda su vida.
“Los
niños aprenden del ejemplo, no de las sentencias”. Un niño come lo que sus padres comen.
El número de comidas:
Como
desarrollamos en Evolución de la Alimentación, el organismo de un humano adulto está diseñado genéticamente
para comer 1 vez cada 24 ó 48 hs.
Un
niño es distinto, de hecho un bebé llena su estómago 12 a 16 veces
por día promedio.
Este
hecho no contradice en absoluto la afirmación anterior, por el contrario
es una característica de todos los mamíferos y la mayoría de las
especies, por ejemplo el cocodrilo come casi diariamente el primer
año, y de adulto puede comer sólo una vez al año.
Cuando
un niño llegue a adulto, podrá comer cada 24 ó 48 hs., mientras
tiene que hacerlo más seguido.
Pero
“más veces” no significa “las
veces que quiera”.
Y
aquí radica una de las claves del obeso, niño u adulto: La gran mayoría de los obesos no comen
“más cantidad” por ingesta que los delgados ¡comen más veces!
Si
a un ratón de laboratorio o a cualquier animal doméstico, no se
le ponen límites en la alimentación, desarrollarán indefectiblemente
Obesidad. ¿Por qué los niños habrían de ser diferentes?.
Si
pueden abrir la heladera cuantas veces quieran y comer lo que quieran
¡serán gordos!, así de simple.
Los
niños deben comer “sólo 3 veces por día”: Desayuno, Almuerzo y Cena.
No
les hace falta más, incluso hasta podrían comer 2 veces.
La
excepción la constituyen los niños que practican un deporte regularmente
o aquellos con enfermedades que interfieren en su alimentación,
casos que no detallaremos en este sitio, por el momento.
No le obligue a
comer más veces ni le deje comer cuando quiera las veces que quiera.
Si
por propia voluntad se saltea una comida, haga que espere hasta
la otra.
Y
si quiere repetir el plato, déjelo, su capacidad estomacal será
la que pondrá el límite fisiológico.
Confíe
en el asombroso diseño del organismo humano. Si su hijo es sano
y tiene a su alcance alimentos suficientes, nunca tendrá trastornos
por desnutrición.
A
su vez es importante entender que:
1)
3 comidas son más que suficientes en Cantidad.
2)
6 comidas pueden ser insuficientes en Calidad.
La
2ª alternativa es prácticamente inexistente en el mundo occidental.
Esto
ocurre por la notable versatilidad de nuestro sistema Digestivo-Metabólico,
que nos permite sobrevivir comiendo sólo carne (esquimales) o sólo
arroz (orientales) pero, eso sí, arroz “con cáscara” (pues sin ella
se pierden las vitaminas del complejo B).
Los
cuadros de carencias selectivas de algún nutriente son bastante
infrecuentes en occidente, y por lo general se relacionan a un déficit
proteico (aminoácidos esenciales) y de Vitaminas del complejo B,
a causa de una ingesta insuficiente de alimentos que los contengan
(derivados animales).
Otras
deficiencias selectivas son casi una anécdota en la historia, pues
se originan en situaciones harto improbables en la actualidad, como
la Escorbuto (déficit de Vitamina C) de los antiguos navegantes
o prisioneros de guerra.
Los
cuadros de carencia selectiva de nutrientes sin carencia calórica,
se producen dentro del marco de trastornos, en su mayoría genéticos
o congénitos, que dificultan la alimentación o impiden la absorción
de algún nutriente.
Aquí
haremos omisión de su descripción. Algunos detalles al respecto
se mencionan en el Capítulo “Tablas de Micronutrientes”
dentro de este sitio.
La Desnutrición:
Sin
ser nuestro tema, es imprescindible tratarlo brevemente:
La
desnutrición primaria es padecida actualmente por entre 800 y 1.200
millones de personas, niños y adultos, y su causa es por todos conocida:
Un aporte insuficiente de alimentos.
Y
aunque casi siempre se relaciona también con una mono-alimentación,
que aquí es generalmente en base a cereales, la variedad de los
alimentos no es el problema, sino su insuficiencia.
No
obstante en los desnutridos contemporáneos se observa un cuadro
de desnutrición mixta, o sea, faltan calorías y también determinados
macro y micro nutrientes, sobre todo las proteínas.
El
organismo posee numerosos mecanismos para reciclar su más valioso
macronutriente “las proteínas”, pero si los niños no ingieren proteínas
completas (con todos los aminoácidos esenciales) como mínimo una
vez al mes, la situación puede tornarse grave.
De
todas formas en el desnutrido (“el Hambriento”) lo más importante
es proveerle de Calorías (“Darle de Comer”), aunque sean sólo cereales.
Este
concepto es desatendido en los planes de ayuda de muchos países,
pues entregan raciones de acuerdo a las RDA (recomendaciones dietéticas
aconsejadas) pero sólo a una porción de los desnutridos, siendo
obviamente más beneficioso que entregasen raciones sólo de legumbres
y cereales, pero a “todos” los cadenciados.
Por
supuesto lo ideal es que todas las raciones fuesen completas, pero
si no alcanza debe primar el criterio ante otros intereses (relacionados
con la política).
Conclusión:
Las
tablas de composición de los alimentos y las RDA son referencias
bastante certeras, pero pragmáticamente puede afirmarse sin lugar
a dudas, que cualquier dieta occidental proveerá a un niño de los
macronutrientes necesarios (prótidos, glúcidos y lípidos), y que
una hipotética carencia de micronutrientes
no será grave y puede corregirse sencillamente con la administración,
siempre vía oral (a menos que alguna patología lo impida), de algún
suplemento de vitaminas y minerales en las dosis aconsejadas.
Las
familias Vegetarianas deben tener precaución en que sus hijos consuman
una cantidad suficiente de aminoácidos esenciales; y esto por lo
general siempre ocurre ya que los vegetarianos poseen óptimos conocimientos
nutricionales.
Los
vegetarianos a su vez constituyen otro ejemplo de la extraordinaria
capacidad de adaptación del Homo Sapiens Sapiens: Viven sin consumir
carne, y muchos sin lácteos ni huevos, así como los esquimales sobrevivieron
comiendo sólo carne cruda. Y por cierto sus niños son estadísticamente
más sanos que el promedio.
Un
niño come lo que comen sus padres, y es infrecuente que no le guste
alguna comida habitual de su familia. Esto es un arma de doble filo,
pues si los padres comen bien así lo hará el niño toda su vida,
pero si se ha acostumbrado a comidas superfluas, éstas le generarán
un hábito para el futuro que seguramente será difícil de modificar.
Si
el niño no quiere comer algo “no hay que obligarlo a comer lo que
no le gusta”, “ningún alimento es imprescindible”,
entonces ¿para qué hacer sufrir un niño innecesariamente?
La
comida debe ser una experiencia emocional grata, un placer, lo más
parecido a lo que sentía mamando cuando era bebé, y que no lo sea,
favorecerá eventuales desórdenes alimentarios.
No lo obligue a comer lo que no quiere,
y mucho menos a comer cuando no quiere.
El
organismo es sabio, puede tener garantía de que su hijo/a no se
va a desnutrir por voluntad propia; esta situación únicamente ocurre
en la anorexia y la bulimia que tratamos más adelante.
Hoy
casi todas las mamás modernas trabajan fuera de casa, y en consecuencia
abundan las comidas compradas o elaboradas rápido en casa (con mucho
aceite). Es una utopía pretender “retroceder la evolución social”
(aunque ésta sea negativa para el caso), pero dentro de lo posible,
y sobre todo en los primeros 6 años, hay que tratar de alimentar al niño con comidas más tradicionales.
Los
padres deben tomar conciencia de que la alimentación adecuada es
tanto o más importante que la educación. Repetir un año escolar deja una impronta
insignificante para un adulto, por ejemplo, comparado con haber
sido un niño obeso.
El
problema nutricional mayoritario, “en todo el mundo” , no es la
desnutrición sino la Obesidad.
Patologías Relacionadas con la Nutrición:
El
tratamiento de algunas enfermedades crónicas que afectan a la población
infantil está directamente relacionado con la dieta.
Obviamente
estos problemas deben ser tratados por profesionales especializados;
aquí sólo haremos una mención
informativa.
Diabetes:
La
diabetes es una enfermedad que cursa con un aumento de la concentración
de la glucosa en sangre.
Este
aumento se debe a que la cantidad o calidad de la insulina, procedente
del páncreas, no es suficiente para degradar la glucosa incorporada.
El
origen de esta alteración suele ser genético.
El
tratamiento actual se basa en tres pilares:
*
Insulina
*
Dieta
*
Ejercicio Físico
La
educación dietética es fundamental, tanto para el niño diabético
como para la familia.
Diseño de una dieta para niños insulino-dependientes:
Debido
a la dificultad que supone para los niños seguir una dieta, es importante
diseñar la misma teniendo en cuenta sus gustos, haciendo un seguimiento
y evaluación cada 3-6 meses, y modificarla en función de los nuevos
gustos y variaciones de actividad.
Según la edad se debe tener en cuenta:
*
Menores de 2 años: Dieta
semejante a los niños de su edad, aconsejando lactancia materna,
y a partir del 4-5 mes aportar suplementos vitamínicos eventualmente.
*
Desde los 2 a los 5 años:
Dieta con carbohidratos naturales no refinados (complejos), relativamente
baja en grasas.
*
Niños escolares:
-
Dieta rica en carbohidratos no refinados, ricos en fibra.
-
Evitar el consumo de productos de panificación industrial.
-
Evitar el consumo excesivo de proteínas.
-
Reducir la grasa saturada.
-
Fomentar el ejercicio físico regular.
Para cubrir los requerimientos energético-plásticos se debe tener en cuenta:
*
Aporte calórico:
Semejante al de los niños de similar edad, peso
y actividad.
El aporte calórico debe distribuirse:
-
Carbohidratos 50-60% de las calorías
-
Proteínas: 12-20% de las calorías
-
Grasas: 25-30% de las calorías (Colesterol <300 mg. / día)
*
Hidratos de carbono:
Más de la mitad de los hidratos de carbono aportados
deben ser complejos.
La
otra parte debe ser mezcla de mono y disacáridos: lactosa, fructosa
de las frutas y algunos vegetales y sacarosa procedente de la ingesta
cuidadosamente limitada de dulces. Fibra: 30-40 gr. / día
*
Alimentos prohibidos:
Los que contengan más del 20% de carbohidratos
simples (refinados).
*
Alimentos permitidos libremente: Los que contengan menos del 5% de hidratos de carbono: vegetales, carnes
magras, quesos magros, refrescos y golosinas “diet”
pero controlando muy bien la composición, no todos los que dicen
diet lo son realmente por reducción del contenido de azúcares.
*
Alimentos racionados:
Permitidos en cantidades regulares. Una ración equivale a 10 gr.
de carbohidratos y se deben suministrar como “equivalencias” para
reemplazar a los alimentos de consumo habitual.
*
Dieta en estado de cetosis:
Debe reforzarse los parámetros de la dieta habitual.
Enfermedad Celíaca:
Esta
enfermedad está producida por la intolerancia al gluten, fracción
proteica contenida en el trigo, avena, cebada y centeno.
Como
consecuencia de la ingesta de gluten, en estos niños se produce
atrofia de las vellosidades del intestino delgado.
Es
decir, el intestino pierde capacidad para absorber nutrientes (malabsorción
intestinal) y aparecen los síntomas manifiestos de la enfermedad:
diarrea, desnutrición, irritabilidad etc..
Tratamiento:
Consiste
en eliminar los alimentos con gluten de la dieta.
Esta
tarea suele ser muy complicada debido a la gran cantidad de alimentos
que llevan esta proteína, aún en forma indetectable a simple vista.
No
sólo se trata de los derivados de los cereales antes mencionados,
sino que gran cantidad de productos manufacturados la llevan adicionada:
conservas, alimentos rebozados, productos de
panadería, algunos yogures, productos deshidratados en polvo,
cacao, gelatina, etc..
No
obstante y debido a la amplia demanda de alimentos de este tipo,
existen en el mercado productos específicamente diferenciados con
el símbolo de "sin gluten".
Al
ser una intolerancia permanente, la dieta debe mantenerse de por
vida.
Epilepsia:
La
patología no es originada por la alimentación, pero sí está implicada
en su tratamiento.
La
enfermedad se caracteriza por la aparición de crisis convulsivas
incontroladas.
Generalmente
el tratamiento farmacológico la corrige y/o controla, pero en algunos
casos no es suficiente.
En
las epilepsias infantiles generalizadas secundarias y mioclónicas,
el tratamiento farmacológico solo no ha sido muy efectivo, se ha
comprobado la capacidad anticonvulsivante de una "cetosis mantenida"
(estado en el que está aumentado el nivel en sangre de cuerpos cetónicos)
que se consigue mediante una dieta cetogénica (rica en determinados
ácidos grasos y pobre en hidratos de carbono).
Este
planteamiento ha llevado a diversos autores a preparar dietas que
potencian la efectividad clínica del tratamiento farmacológico.
La
efectividad está estrechamente relacionada con la edad, y aparentemente
se debería a un cambio forzado en el metabolismo neuronal.
Los
cuerpos cetónicos actúan sobre determinados neurotransmisores y
neuroinhibidores cerebrales modificando el umbral convulsivo.
Tratamiento:
Hay
tres modelos propuestos para la elaboración de dietas de estas características:
*
Dieta Cetogénica Tradicional: El
principal aporte energético se da a partir de grasas saturadas.
*
Dieta Cetogénica con MCT:
Se emplean como grasas los triglicéridos de cadena media.
*
Dieta Cetogénica MCT Modificada o John Radcliffe II: Se disminuye la cantidad de grasa utilizada y se aumenta
el aporte de hidratos de carbono, permitiendo una mayor palatabilidad,
que es uno de los principales problemas de estas dietas.
También
se ha comprobado que este tipo de dietas no aumentan significativamente
los niveles de colesterol, lipoproteínas y proteínas sanguíneas.
El
desarrollo pondoestatural (relación talla / peso) del niño sometido
a estas dietas, es normal en la mayoría de los casos estudiados.
Lo
que todavía se desconoce es la repercusión a largo plazo.
Hipercolesterolemia:
Según
la Sociedad Europea de Arteriosclerosis, las cifras de colesterol
total no deben ser superiores a 170 mg./dl. para edades comprendidas
entre 2 a 19 años, en caso contrario supondría un riesgo "moderado"
de patología coronaria.
La
hipercolesterolemia infantil es una patología en la que la dieta
influye de forma determinante.
En
la mayor parte de los casos, la dieta suele ser el origen de la
enfermedad y también la solución.
Es
conocido el efecto hiperlipemiante de determinados alimentos que
forman parte de la alimentación habitual de los niños: productos
de panificación, frituras, golosinas, helados, etc..
Se
considera que estos productos son los culpables de la mayor parte
de las hiperlipemias infantiles.
Normalmente
con la limitación dietética de estos productos acompañada eventualmente
de ligero aumento de actividad física, se corrige el problema.
Sin
embargo en casos de hiperlipemias familiares establecidas, es necesario
recurrir a fármacos hipolipemiantes.
En
niños menores de 2 años existe acuerdo en no modificar la dieta,
a fin de no interferir con el crecimiento y desarrollo.
*
Preparación de los alimentos: Se deben preferenciar el hervor, el vapor, la plancha, el horno y cualquier otra forma de cocción siempre que
se realice sin aceite, margarina, manteca o grasa. Hay que evitar las frituras y preparaciones que requieran
de esta base de grasa añadida.
*
Control y seguimiento: La dieta se debe seguir durante al menos 12 meses. No obstante se debe ser flexible en la dieta de los
niños y permitir pequeños excesos o “salidas” con procedimientos
compensatorios posteriores en lo posible.
Se
debe enseñar al niño "nuevos hábitos alimentarios" y convencerle
de la necesidad de realizar ejercicio físico. La educación nutricional
del niño es muy importante.
Será
más fácil que el niño entienda "lo que puede y no puede comer"
si conoce la composición de los alimentos y cómo se relacionan éstos
con su problema.
ADOLESCENCIA
La adolescencia es una etapa con requerimientos nutricionales específicos,
en la que no es infrecuente la aparición de desórdenes alimentarios,
a veces favorecidos por modas o por excesivas exigencias internas
y / o externas, y a menudo por una mezcla de ambas.
Fisiología:
Las
características fisiológicas que diferencian la adolescencia de
cualquier otra etapa de la vida son:
*
Maduración sexual
*
Aumento brusco de la talla y el peso
*
Cambios en la composición corporal (distribución de la grasa y masa
muscular)
Todos
estos procesos requieren una elevada cantidad de energía y nutrientes.
Madurez
sexual:
Los
cambios de este proceso ocurren de forma paulatina y generalmente
suelen durar entre 5 y 7 años.
El
resultado final es el crecimiento anatómico y desarrollo fisiológico
de los caracteres sexuales primarios y secundarios diferenciales
de cada sexo.
En
las niñas estos cambios suelen comenzar hacia los 10-11 años llegando
al pico de máximo desarrollo hacia los 12-14 años. A partir de esta
edad la madurez sexual es completa.
Para
los varones, el desarrollo suele comenzar 1 ó 2 años después, y
el pico de mayor desarrollo se produce en torno a los 13-16 años.
Este
pico de crecimiento en ambos, determina mayores necesidades nutricionales.
Aumento en peso y talla:
En
la transición de niño a adulto se gana aproximadamente el 20% de
la talla y el 50% del peso.
La
evolución del peso y la talla durante esta etapa depende mucho del
niño o niña.
Cuando
se tiene que evaluar la relación peso / talla, se suelen utilizar
tablas que orientan acerca de la "mejor relación" entre
ambos parámetros.
No
obstante, el resultado que se obtiene de consultar estas tablas
es bastante relativo.
Habitualmente
sólo se obtienen resultados claros a la hora de determinar casos
extremos de delgadez u obesidad.
Cuando
por diversos motivos se necesita conocer con exactitud el valor
de estos parámetros, indefectiblemente debe realizarse una evaluación
antropométrica individualizada y más específica.
Cambios
en la distribución corporal:
En
este aspecto es muy notable la diferencia entre chicos y chicas,
debido a la desigual distribución de la masa magra y la masa grasa,
y al diferente desarrollo de la masa ósea.
Los
chicos tienden a ganar más peso a expensas de su masa muscular,
su esqueleto crece más, y el periodo de crecimiento general dura
más tiempo.
Por
su parte las chicas ganan más masa grasa, el crecimiento de la masa
ósea es menor, y el periodo de crecimiento también.
Estas
diferencias condicionan mucho la alimentación.
Se
sabe que los requerimientos nutricionales son distintos según el
tipo de tejido que se desarrolle.
No
se necesita la misma cantidad de energía ni de proteínas para formar
1 Kg. de masa muscular que para 1 Kg. de masa grasa.
También
es diferente la cantidad de vitaminas y minerales que hay que aportar
para formar mayor o menor cantidad de masa ósea.
Como
dato vale mencionar que las chicas de 12-14 años tienen necesidades
nutricionales superiores a las de su madre, y los chicos de 16 superiores
a las de su padre.
Es
difícil establecer recomendaciones estándar para los adolescentes,
debido a las peculiaridades individuales que presenta este grupo.
Por
otra parte las recomendaciones relativas a la buena salud, son generalmente
improductivas, pues como a esta edad no suele presentar problemas,
desde esta perspectiva podría pensarse que "da igual lo que
se coma", pero esto es un error.
Obesidad y Adolescencia:
Desde
el punto de vista biológico, junto con los primeros 12 meses de
vida, esta es la 2ª y última etapa en donde las células grasas (adipocitos)
están predispuestas “naturalmente” a incrementar su número (hiperplasia),
al margen de su tamaño (hipertrofia).
Es
en este periodo cuando, en general, la persona comienza a experimentar
“el stress”, por causas de la más diversa índole.
También
aquí es cuando los factores socio-culturales comienzan a tener trascendencia.
La
Obesidad aquí en algunos casos, tiene más impacto sobre el equilibrio
psíquico que en la niñez.
Las
implicancias sociales son tan nefastas como subestimadas por el
entorno familiar.
Los
padres siguen viendo a sus hijos como niños, lo cual es natural,
al igual que la falta de objetividad
para ver que sus hijos no son tan perfectos como ellos idealizan.
En
consecuencia le restan importancia a la preocupación que éstos puedan
dejar ver sobre su aspecto físico, pues para los padres, los hijos más hermosos son siempre los propios.
En
otros casos suele sumarse la situación de que la familia sea obesa,
lo que convierte en una quimera que el adolescente pueda alimentarse
equilibradamente.
Sólo
en un pequeño porcentaje de los casos, se da la eventualidad de
que los padres posean el criterio y la objetividad necesarios para
identificar el problema de la Obesidad en sus hijos, pero esto apenas
los deposita en el universo de las personas con problemas de peso
(el 60% del mundo occidental), y a merced de las numerosas falsas
ofertas terapéuticas existentes.
El
grave problema de la ausencia de conocimientos, y de ética en el
mercado de ofertas “seudo-terapéuticas” en Obesidad, es universal.
Apenas
el 15% de los obesos son tratados por médicos, el resto opta por
terapias puramente dietéticas o peor aún por “inventos de marketing”.
La
desinformación casi absoluta sobre Obesidad, ha instalado la creencia
de que en la adolescencia, ésta no debe ser tratada con fármacos,
siendo que por ejemplo si un adolescente padeciera de una cardiopatía
u cualquier otro trastorno biológico se lo trataría como un adulto,
que de hecho lo es desde el punto de vista orgánico.
Si
es difícil para un adulto corregir su Obesidad, para un adolescente
lo es aún más.
Anorexia y Bulimia:
Anorexia (gr. anorexía,
inapetencia):Trastorno de la alimentación provocado por una obsesión
por la figura y la posible ganancia de peso, que conlleva una situación
de ayuno voluntario, mantenida en el tiempo, luego con pérdida real
del apetito.
Concomitantemente
cursa con una distorsión de la imagen corporal y un terror obsesivo
a engordar.
Afecta
a 1 de cada 100 adolescentes de entre 12 a 18 años, principalmente
mujeres.
Bulimia (gr. bóus,
buey + gr. limós, hambre
+ -ia): Trastorno de la alimentación caracterizado
por un aumento anormal de la sensación de hambre.
Cursa
con episodios de hiperfagia (comer compulsivamente y en mucha cantidad)
seguidos de episodios de vómito provocado, por sentimiento de culpa
y terror obsesivo a engordar.
Las
motivaciones desencadenantes de ambas alteraciones pueden ser muchas,
relacionadas con la moda, los contactos sociales, etc., pero puede
decirse que se asientan sobre estos factores:
*
Insuficiente Instrucción Nutricional
*
Necesidad de agradar a los demás incrementada (propia de la adolescencia)
*
Auto-Estima baja (normal en la adolescencia)
Nadie
pone en duda la base psicológica de estas 2 patologías, pero ello
no implica que la psicoterapia sea necesariamente el único camino
terapéutico. El debate terapéutico es harto controversial.
Como
sostenemos en todo el Web-Site, creemos que la ciencia se nutre
del discenso, y no pretendemos situarnos como dueños de la verdad;
pero lógicamente tenemos nuestro punto de vista, que es el que expondremos.
Lo
habitual es que se trate la Anorexia
o la Bulimia, sólo desde el perfil psicopático,
donde obviamente radica su origen.
Sin
embargo muchas patologías relacionadas a la autoestima, poseen una
vía mucho más sencilla para su solución.
Los
Cirujanos Plásticos sobradamente conocen de los espectaculares cambios
de personalidad, que un procedimiento quirúrgico estético en nariz,
orejas, mamas, cuero cabelludo, etc., puede producir en una persona.
¿A
dónde apuntamos?: ¿Qué es más fácil para un niño, adolescente o adulto, someterlo
a una prolongada psicoterapia, hasta que logre evolucionar en su
autoestima para aceptar que sus “orejas de Dumbo” no lo hacen menos
que nadie … ¡u operárselas y solucionar su problema en 1 hora!?
Bien,
tanto la Anorexia como la Bulimia tienen, al menos, un origen común:
“el miedo a la Obesidad”; y el punto es que tratarles desde la Obesidad
es infinitamente más sencillo que convencerlos de que padecen un
trastorno psiquiátricos
y que deben empezar a comer si no pueden poner en grave riesgo su
salud.
A
ningún padre de un niño o adolescente de grandes orejas se le ocurriría
llevarlo a un psiquiatra antes que a un cirujano plástico. ¿Por
qué en la Anorexia y la Bulimia se tiene entonces un criterio diferente,
si al igual que las orejas, el problema es que una alteración física
(de simple solución) desencadena un desequilibrio psicológico?
Sin
embargo a ningún padre se le ocurre consultar a un especialista
en Obesidad ante cualquiera de estos trastornos.
Nosotros
creemos que se debe en gran medida a que “no se comprende al paciente”.
¿Qué
anoréxico o bulímico no querría tener el cuerpo de un Fisicoculturista,
con el 5% de masa grasa y un perfecto desarrollo muscular?
El
punto es que estos individuos raramente alcanzan una masa grasa
del 5%, porque el organismo posee múltiples mecanismos para adaptarse
al ayuno, y desde un momento determinado comienza a “consumir” las
proteínas musculares, paralelamente a la grasa, dando por resultado
un deplorable aspecto físico,
y paradójicamente, la persistencia de un panículo adiposo que es
lo que los motiva para continuar con su alteración alimenticia.
Y
efectivamente es así, pues salvo en casos muy extremos, a sus cuerpos
“se le cuentan las costillas”, pero sin embargo en el abdomen, piernas
o caderas, poseen un pequeño panículo adiposo, el que están obsesivamente
dispuestos a eliminar, cueste lo que cueste.
Podría
asegurarse que todos ellos querrían tener el cuerpo de un Fisicoculturista,
pero … “no saben cómo obtenerlo”.
¿Qué
pasaría si concurren a un terapeuta que merezca y/o se gane su respeto,
que “les asegure” que puede lograr ese “inalcanzable 5% de grasa”,
junto a un armónico y deseado desarrollo muscular?
¿Qué
anoréxico o bulímico, no querría tener el físico del David de Miguel
Ángel, símbolo por antonomasia de la belleza andrógina contemporánea?
El anoréxico o bulímico
“no quiere dar lástima con su físico”, lisa y llanamente ¡no tolera tener más del 5 al 8%
de grasa!
Pues
¡solucionémosle el problema, saquémosle esa grasa … "operémosle
las orejas"!
Esta
posición no pretende ir en contra de nuestros colegas psicoterapeutas,
que por otra parte estamos convencidos de que deben estar abarrotados
de trabajo con el estilo de vida contemporáneo; por el contrario
nos parece muy productivo que continúen tratando estos pacientes,
el punto es ¿cuánto más psicoterapia haría un “niño orejudo” después
de la cirugía?
Copiando
a Den Xiao Ping : ¿Qué importa si el gato es blanco o negro,
con tal que cace ratones?
Para
“cazar los ratones de la anorexia y la bulimia” ¿a qué padre le
va a importar el color del gato?
Es
fútil intentar convencer a un niño de que debe sobrellevar toda
su vida con “orejas de Dumbo”, siendo que en 1 hora un cirujano
le solucionaría de por vida su problema.
Nuestro
criterio terapéutico es claro:
♦ “Operarle las orejas” a los anoréxicos y bulímicos,
y no convencerlos de que están locos.
♦ Enseñarles a comer y llevarlos a ese añorado 5% de
grasa.
♦ Introducirlos a la práctica de las actividades físicas
que les van a permitir obtener ese físico ideal, por el que tanto
luchan y están arruinando su vida.
La
Anorexia y la Bulimia no tienen la misma jerarquía patológica que
la Obesidad: “¡Son hijas de ésta!”
Si
los parámetros de belleza dictaran que “cuanto más gordo más atractivo”,
sencillamente la Anorexia y la Bulimia ¡no existirían!
Como
verán el razonamiento es muy simple, pero … la terapia sigue siendo
convencer al orejudo que sus orejas no hacen ninguna diferencia.
Estamos
persuadidos de que con esta óptica actual, los anoréxicos seguirán
ayunando y los bulímicos vomitando, pero muy pocos de ellos llegarán
al 5% de masa grasa.
Si
una persona quiere tener brazos de 40 cm. ¿no tiene derecho acaso?,
y si alguien quiere tener un 5% de masa grasa ¿no tiene el mismo
derecho?.
Los anoréxicos-bulímicos
son fundamentalmente “obesos fóbicos”.
Sin
embargo estos “obesos fóbicos” son estigmatizados mucho peor que
los drogadictos; esto es literal y una injusticia suprema. Muchos
padres hasta quizá preferirían que su hija sea alcohólica antes
que anoréxica o bulímica, porque socialmente no genera tanto rechazo
y por creer que es más fácil solucionarlo.
Esto
además en el alguna medida es una gran hipocresía social, pues ¿quién
no querría tener un 5% de masa grasa?
Para
alguien que le tiene pánico al agua, lo primario no es la psicoterapia
sino “enseñarle a nadar”.
Y
en este caso donde se tiene “pánico a ser gordo”, no sería lo más
lógico “enseñarle a comer”, dándole la herramienta para combatir
directamente y de por vida, a lo que tanto teme.
Los
tratamientos habituales se centran en indicarles meticulosamente
la forma de alimentarse y los alimentos a seleccionar (pero para
“recuperar peso”), a lo que se suman cientos de horas de psicoterapia
sobre su autoestima y un tratamiento farmacológico (casi siempre).
Lo sugestivo es que nunca se trabaja sobre la Instrucción Nutricional
para que no sean obesos, y menos aún en aspectos de Medicina
del Deporte para que logren un mejor físico.
Hasta
curiosamente muchos de los psicoterapeutas, que no escapan al promedio
de la población, están excedidos de peso, entrando en una contradicción
cuasi patética.
No se está tratando con pacientes psicóticos que han
perdido la capacidad de comprender la realidad, se trata simplemente
de adolescentes que poseen una fobia.
Estos adolescentes jamás podrán respetar a alguien
que no los comprende.
Este
enfoque hace entonces comprensible el desinterés que los pacientes,
generalmente adolescentes, tienen por el tratamiento. Es más, la
gran mayoría de ellos concurren obligados al mismo, pues … “no son realmente comprendidos”.
El Anoréxico o Bulímico
es quizá el paciente más incomprendido que existe.
Lo
único que él quiere es que “le enseñen cómo puede tener el cuerpo
que quiere”.
Nuestro
criterio terapéutico funciona aún en los casos más extremos,
básicamente porque hablamos en el mismo idioma del paciente, y lo hacemos aumentar
de peso pero en masa muscular, no en masa grasa, enseñándole qué puede y no comer,
y el plan de entrenamiento que le va a permitir lograr el físico
que desea, con un 5 % de grasa.
No
hay muchos datos estadísticos de recuperación con psicoterapia,
pero es razonable pensar que este tipo de tratamientos pueden eventualmente
dejar secuelas psíquicas.
No
creemos que estos pacientes tengan una alteración psíquica más grave
que los fóbicos a las alturas o al agua, con la ventaja que ellos
pueden aprender a controlar su fobia, aprendiendo a comer y a entrenar,
y generar un vuelco
trascendental en su vida en escasos meses.
Es
claro que aquí los padres no tienen la culpa, hacen todo lo que está a su alcance; y lo cierto
es que en su inmensa mayoría, los profesionales que tratan
estos problemas lo hacen con psicoterapia.
Esperamos
con nuestra argumentación, haberle dado a los sufridos padres de
anoréxicos o bulímicos, otra
alternativa terapéutica, que por cierto aclaramos "no es incompatible
con la psicoterapia que están realizando".
Nuestro
criterio es que no se abandone el tratamiento psicoterápico
tradicional, hasta que los evidentes resultados del nuestro junto
a la decisión del paciente, lo determinen.
Embarazo en la Adolescencia:
El
embarazo durante la adolescencia puede provocar desórdenes nutricionales,
debido a la inmadurez del cuerpo femenino en esta etapa para hacer
frente a las exigencias especiales de tal situación biológica.
Las
adolescentes embarazadas tienen mayores necesidades nutricionales
que las embarazadas adultas, debido a que son dos los organismos
que están en crecimiento, el de la madre y el del futuro bebé.
Por
ello es aconsejable en estos casos suplementar la dieta en algunos
nutrientes.
Con
respecto a la suplementación calórica, recientes
estudios han demostrado que en adolescentes embarazadas es necesario
aumentar en 300 Kcal. / día la ración energética de un adolescente
sano, y además aumentar en 10-16 gr. la ración diaria de proteínas.
También
deben tenerse en cuenta las raciones de vitaminas y minerales, en
especial el zinc y el ácido fólico.
TERCERA
EDAD
Aunque
el envejecimiento es un proceso progresivo natural, cada persona
lo experimenta de manera particular según múltiples factores.
La
definición de envejecimiento es controversial, y es difícil establecer
su comienzo cronológico, más aún con el incremento de la longevidad
actual.
Un
criterio relaciona su inicio con los primeros signos que evidencian
una disminución de la capacidad laboral (entre los 60 y 70 años);
otro desde el inicio del decaimiento de la potencia física (entre
los 30 a 45 años); y hasta hay quienes consideran que desde los
10 años ya se inicia un proceso de envejecimiento de algunos órganos
(por ejemplo los ojos llegan a su máximo desarrollo a esa edad,
y a partir de allí comienzan a “envejecer”).
No
obstante y en líneas muy generales, podría decirse que a partir de los 65
años, una persona ya posee un metabolismo de 3ª edad.
En
Europa y en promedio, el 15% de la población está constituida por
personas mayores de 65 años (en algunos países como Suiza o Alemania
es ya cerca del 25%), y se prevé que este segmento continuará creciendo
porcentualmente de manera constante en el futuro.
Este
aumento de la longevidad se atribuye a la mejora de los estándares
de nivel de vida, y sobre todo al perfeccionamiento en los cuidados
médicos.
Igualmente
en todos los casos, la nutrición juega un papel muy importante.
Las
personas que llegan a una cierta edad se enfrentan a problemas físicos,
psíquicos y sociales que derivan de cambios biológicos predeterminados.
Esto
condiciona, a veces de manera estricta, la alimentación.
Las
necesidades nutricionales cambian, y es fundamental para la calidad
de vida “adaptarse” a estos cambios.
El
envejecimiento saludable, sin la coexistencia de enfermedades asociadas,
no implica una complejidad en la alimentación mayor a la que puede
darse en cualquier otra etapa de la vida; el problema es que habitualmente
la vejez viene acompañada de diversas patologías, muchas de las
cuales se relacionan con los procesos nutricionales.
Y
esto condiciona entonces las estrategias dietéticas.
Ciertos
factores tienen que ver directamente con el sistema fisiológico;
pero no son menos importantes los relacionados a la esfera psicológica
y social.
Aún la sociedad moderna no ha aprendido
a respetar a sus mayores.
Los
principales factores a tener en cuenta en la dieta del anciano,
son:
Requerimientos Nutricionales:
Energía:
El
aporte debe estar equilibrado con el gasto, que suele disminuir
drásticamente en la 3ª edad.
No
está determinado específicamente cuánto descienden los requerimientos
energéticos con la edad, pero ciertamente decaen.
Tampoco
puede establecerse un aporte calórico tipo, pues varía considerablemente
según el peso y la composición corporal.
Esto
hace ineludible la consulta profesional.
Pero
genéricamente puede establecerse el siguiente concepto:
De
las eventuales patologías que pueden originarse en la alimentación
o tener una relación con ella: “en más de un 90% se deben a un
exceso en el aporte, y no a un defecto”.
La
reflexión surge obvia: En la 3ª edad hay que concentrarse en no
comer de más.
La Obesidad en esta etapa es desde el
punto de vista biológico, más trascendente que en cualquier otra,
pues reduce significativamente le expectativa y calidad de vida.
Aunque
es muy deseable la incorporación de ejercicio físico, en la práctica
es bastante utópico.
Por
otra parte la recomendación de actividades físicas se encuentra
muy limitada por la edad, las eventuales patologías concomitantes
y el nivel de habituación previa a este tipo de prácticas.
En
definitiva en los casos en que puedan indicarse, las actividades
físicas contribuirán positivamente en el aparato locomotor, cardiovascular,
respiratorio, psíquico, etc., y determinarán una notable diferencia
en la calidad y expectativa de vida.
No
obstante, como mencionamos en varios capítulos, debe saberse que
la influencia sobre el balance energético, será en general poco
trascendente.
Al
igual que en la edad media de la vida, lograr un balance energético equilibrado,
no depende fundamentalmente de incrementar el gasto sino de regular
el aporte.
En
la situación inversa, donde exista la posibilidad de una sub-nutrición,
no debe demorarse en recurrir a la suplementación alimenticia.
Estos
casos son acotados en la sociedad occidental, muy evidentes sin
presentar dudas a la hora del diagnóstico.
Hidratos
de carbono:
En
una persona sana de cualquier edad, el único límite a su consumo
está dado por el equilibrio energético.
No
obstante debe brindarse la instrucción nutricional necesaria para
que pueda calculase e identificarse correctamente los carbohidratos,
ya que la industria alimenticia presenta muchos glúcidos mezclados
con otros macronutrientes, sobre todo grasas.
La
única observación en la 3ª edad, es la consideración de la disminución
de la tolerancia a la glucosa, lo que aconseja dietas con mayor
proporción de carbohidratos complejos y fibra (cereales integrales,
vegetales de hoja, etc.).
Proteínas:
Podría
pensarse que debido a la reducción de contenido proteico en la masa
corporal, las necesidades son menores a esta edad, pero no es así,
pues precisamente el anciano al tener un metabolismo proteico catabólico,
requiere de tantas o más proteínas que un adulto, pues debe tener
un superávit que le permita reponer rápidamente la degradación proteica
(sobre todo para el tejido muscular y neurológico).
Se
debe lograr un aporte de entre 0,7 a 1 gr. de proteínas / Kg. /
día.
Por
supuesto alterando lo menos posible los hábitos que la persona ha
tenido toda su vida. Si es vegetariano, que lo siga haciendo, si
come casi exclusivamente carne, igual (siempre que no haya patologías
condicionantes).
La
alimentación siempre debe ser un placer, más aún en esta etapa.
Grasas:
Manteniendo
la premisa del respeto de los hábitos, niños, adolescentes, adultos
y ancianos por igual, deben generar conciencia de que el excesivo
contenido de grasas de la alimentación moderna, posee un efecto
nefasto sobre la salud.
Las
enfermedades cardiovasculares son las que causan la mayor tasa de
mortalidad en la sociedad actual, por eso es aconsejable reducir
al máximo el aporte de grasa en la dieta.
Nota: Es prácticamente imposible realizar una dieta con “cero grasa”, así que
el riesgo de tener un aporte insuficiente de ácidos grasos es improbable.
En
la 3ª edad es cuando son más peligrosas las grasas, por su potencialidad
para ocasionar accidentes vasculares mortales o invalidantes.
No
obstante actualmente, es mucho más fácil controlar las grasas en
la dieta, que la Obesidad.
Existen
un sinnúmero de variantes culinarias y sustitutos hipograsos, al
alcance de todos.
Es
importante que los profesionales hagan hincapié en este ítem.
Micronutrientes:
En
esta etapa, al margen de las recomendaciones generales, el aporte
extra de suplementos farmacológicos con micronutrientes antioxidantes es muy aconsejable a la luz de las últimas
investigaciones.
Con
respecto al agua, por ser la deshidratación otro de los problemas más
comunes en esta población se recomienda como aporte adecuado el
consumo de 2-3 lt. / día.
La
fibra es un elemento importante en la dieta de cualquier
etapa de la vida, sin ninguna limitación.
Cambios Biológicos que Afectan a la Nutrición:
Aunque
el tiempo pasa igual para todo el organismo, no todos los órganos
sufren sus efectos de la misma forma.
Hay
aspectos como la frecuencia del pulso en reposo o los rasgos de
nuestra personalidad que suelen cambiar poco con la edad.
En
contrapartida hay características fisiológicas que sufren importantes
modificaciones, la mayor parte debido a los trastornos de la salud
que se dan a lo largo de la vida.
Las
secuelas de afecciones cardiovasculares, infecciosas o accidentes,
son claros ejemplos.
Estos
cambios que obedecen al paso del tiempo, tienen un carácter progresivo
e irreversible.
Todo
esto favorece el surgimiento de enfermedades, en las que la nutrición
puede ser un importante factor terapéutico.
Cambios
sensoriales:
Son
frecuentes los cambios en el gusto (y también de otros sentidos
como el olfato y el oído), debidos fundamentalmente a la atrofia
de las papilas gustativas, proceso que comienza alrededor de los
50 años.
La
sensibilidad por el dulce o el salado cambia, lo que lleva en muchos
casos al consumo de alimentos fuertemente sazonados o azucarados.
Cambios
gastrointestinales:
(sólo referidos a los que afectan al apetito, y a la
capacidad de digerir y absorber nutrientes)
En
las personas de edad, la respuesta normal al apetito se altera,
como consecuencia de las variaciones en determinadas hormonas y
metabolitos.
El
riesgo de algún grado de anorexia en este grupo de población está
incrementado, pudiendo llevar a estados de malnutrición más o menos
severa.
La
malnutrición proteico-energética es la que se da con mayor frecuencia.
Se
observa una paulatina disminución de las secreciones digestivas.
Varios
estudios han puesto de manifiesto que con la edad, la actividad
secretora de las diferentes glándulas implicadas en la digestión,
disminuye.
Se
ha comprobado que la actividad enzimática de las glándulas salivales,
gástricas, pancreáticas e intestinales es menor. La secreción biliar
parece ser la menos afectada.
La
malabsorción de determinados elementos es otro punto a considerar.
Los
que más se resienten son el calcio y hierro.
Este
problema parece deberse a que con la disminución de las secreciones
gástricas, en el tubo digestivo se pierde acidez, lo que permite
el crecimiento de determinada flora bacteriana que secuestra minerales
como el calcio o el hierro y vitaminas (B12) de forma que no pueden
ser absorbidos.
También
se ha comprobado que a cierta edad disminuye la motilidad intestinal,
la superficie intestinal útil para la absorción y la capacidad de
transporte de nutrientes desde el intestino hasta los tejidos.
Todo
esto eleva el riesgo de anemias, diarreas, malabsorción etc..
Otro
de los problemas que afectan directamente al proceso de la digestión
es la pérdida de piezas dentales.
Esto
obliga a limitar la trituración bucal con lo que los procesos digestivos
propiamente dichos se vuelven más difíciles y molestos.
Todo
esto redunda en que los ancianos elijan unos alimentos y rechacen
otros, y en este proceso de selección pueden perderse valores nutritivos.
Constipación:
Dentro de los cambios gastrointestinales, éste aparece como uno de los más frecuentes y graves; de hecho afecta a más del 50% de los
mayores.
En
este problema intervienen varios factores:
*
La disminución de la motilidad intestinal, tal vez debida a la atrofia
de la musculatura propulsora.
*
La disminución de la mucosidad intestinal (por la disminución de
la secreción).
*
La por lo general la insuficiente cantidad de fibra en la dieta.
*
La falta de ejercicio físico regular, que a veces es directamente
una inmovilidad absoluta.
Cambios
metabólicos:
Uno
de los cambios metabólicos más significativo es la intolerancia
a la glucosa en personas que no han sido diabéticas en etapas previas.
Esto
se traduce en una alteración en el metabolismo de los hidratos de
carbono.
Se
ha comprobado que los niveles de glucemia en ayunas aumentan en
2 mg. / dl. cada 10 años a partir de los 40; y la glucemia post
prandial (después de una comida), en 8-15 mg. / dl. también cada
10 años.
Muchos
atribuyen estas alteraciones a una disminución en la producción
de insulina por parte del páncreas.
Además
pueden estar implicados factores como los cambios dietéticos o la
disminución brusca del ejercicio físico (esto último excepcionalmente).
Esto
puede desembocar en una diabetes de tipo II, bastante frecuente
en la 3ª edad.
Otro
de los cambios importantes radica en la menor necesidad de energía,
fundamentalmente por la disminución del metabolismo basal.
La
disminución del Metabolismo Basal, se origina fundamentalmente en
los cambios en la composición corporal (por disminución de la masa
magra) y el descenso general de la actividad celular.
Cambios
en el sistema cardiovascular:
Sus
cambios se relacionan menos con la alimentación.
El
principal problema es la ateroesclerosis (endurecimiento de las
paredes arteriales).
La
aterosclerosis pura produce una elevación de la presión arterial
(hipertensión), factor que puede mejorarse con la dieta, sobre todo
si el sujeto es obeso.
Este
es un proceso natural, pero se ve agravado por el consumo de dietas
ricas en lípidos, ya que las arterias incrementan entonces los depósitos
de grasa, también en su capa interna (endotelio), dando lugar a
placas de ateromas, que pueden producir múltiples y gravísimas consecuencias,
como insuficiencias circulatorias, infartos o embolias.
Aquí
la dieta hipograsa hace una gran diferencia en el pronóstico.
Cambios
en el sistema renal:
La
función renal en la mayoría disminuye aproximadamente en un 50%
entre los 30 y 80 años.
La
consecuencia más ostensible es la excesiva excreción de proteínas
y electrolitos por orina, de forma que el equilibrio hidrosalino
se altera, se favorece la producción de edemas y la pérdida proteica.
Hay
que tener en cuenta que también se presenta una disminución del
agua corporal total, que afecta los procesos relacionados con la
dilución, como la administración de medicamentos hidrosolubles,
diuréticos, y la regulación térmica, haciendo a las personas mayores
más susceptibles a la deshidratación.
Cambios
músculo-esqueléticos:
Hay
cambios en la composición corporal (disminuye la masa magra y aumenta
la masa grasa), lo que se ha relacionado con hipertensión, alteraciones
biliares, hiperlipemias etc..
Con
la edad hay una tendencia a sustituir la masa magra (músculo), por
masa grasa.
Hay
una pérdida global de proteínas que se manifiesta tanto a nivel
muscular como visceral.
Y
también una disminución de la masa ósea, especialmente en las mujeres,
comenzando en los 2 años siguientes a la menopausia, lo que aumenta
el riesgo de padecer osteoporosis.
Cambios
neurológicos:
El
Parkinson y el Alzheimer son las enfermedades más relevantes y que
condicionan severamente el desarrollo de la vida de los ancianos
en todos los niveles.
Aunque
aún no existen tratamientos efectivos, los avances de la última
década, sobre todo en genética, hacen alentar esperanzas.
Los
trastornos de la alimentación que estas patologías originan, varían
bastante según su grado de evolución, pudiendo oscilar desde simples
manías hasta la incapacidad total para alimentarse por sí solos.
Cambios
inmunológicos:
Se
manifiestan como una disminución de la función inmune global, haciendo
a los sujetos mayores más susceptible a los agentes infecciosos.
Esto
explica la gran prevalencia de enfermedades infecciosas en esta
etapa de la vida.
Nutrición
de los Mayores en la Sociedad Actual:
Es
evidente que en la mayoría de los países occidentales, se dispone
prácticamente de todo tipo de alimentos y en cantidad suficiente,
para permitir la implementación de pautas alimentarias adecuadas.
Además
se dispone de sistemas de salud pública que permiten, sin un costo
excesivo para los pacientes, el control de la salud de una forma
clínicamente aceptable.
Los
problemas que se presentan son 2:
1)
Los relacionados con los cambios fisiológicos propios de la edad
2)
Los de índole socio afectiva
Los
factores fisiológicos que condicionan el riesgo nutricional están
bien caracterizados, y las normas dietéticas y requerimientos nutricionales
para hacerles frente, están perfectamente establecidas.
Son
los relacionados a los aspectos socio afectivos los que tal vez
generen la mayoría de los trastornos.
Malos hábitos alimentarios:
No
es fácil cambiar las costumbres alimentarias: "Si toda la vida
he comido de esta manera, porque ahora habré de cambiar".
Ciertamente
requiere mucho esfuerzo instruir o convencer de la necesidad de
un cambio en la dieta en un anciano, ni aún comunicándole los riesgos
que puede acarrearle continuar con el mismo estilo alimenticio.
No
obstante debe intentarse.
Anorexia:
Son
frecuentes los estados de desinterés y apatía, quizá derivados de
sentirse inútiles, por la inactividad laboral, verse como un estorbo,
o percibir que se ha perdido el reconocimiento social o familiar,
etc..
Estas
percepciones pueden, en algunos pocos casos, proyectarse en modificaciones
de la conducta alimentaria, siendo la anorexia una de ellas.
Pobreza:
La
situación económica condiciona severamente la alimentación.
Estados
de penuria o de excesiva bonanza, pueden llevar a defectos o excesos
en la alimentación.
En
los casos de escasez de recursos económicos, es fundamental al instrucción
nutricional, para obtener una dieta balanceada acorde con las posibilidades.
Minusvalías:
Los
estados de deficiencia física y de falta de movilidad, influyen
de manera crítica sobre la alimentación.
La
imposibilidad para ir a comprar los alimentos, para estar de pie
en la cocina, etc., hacen imposible para muchos ancianos la alimentación
de forma autónoma.
La
simple pérdida de la dentadura, puede condicionar a reducir la dieta
a alimentos líquidos y/o semisólidos.
En
estos casos la ayuda familiar o institucional es imprescindible.
Procesos
patológicos o sus secuelas:
En
esta etapa cobra especial importancia la individualización de la
dieta, teniendo en cuenta los antecedentes patológicos, la toma
habitual de medicamentos, etc..
Recomendaciones Generales:
Por
más cambios fisiológicos que conlleve la edad, es importante aclarar
que la adaptación de una persona sana a ellos, no implica cambiar drásticamente
la alimentación porque se haya cumplido 65 años.
La
flexibilidad es amplia, y se debe ser razonable en la confección
dietaria.
Cando se llega a
esa edad en óptimas condiciones físicas, las modificaciones a realizar
en la dieta son ínfimas, cuando no inexistentes.
Pero cuando se padece alguna enfermedad, hay que tener presente
la importancia de la nutrición.
Paradójicamente
algunos ancianos de los países industrializados sufren carencias
nutricionales.
La
malnutrición proteico-energética es la más frecuente, sobre todo
en aquellos ingresados en centros hospitalarios u hospedajes de
ancianos.
Hay
dos situaciones que suelen acompañar la vida del anciano: el aislamiento,
tanto social como familiar, y la depresión.
Mantener
una dieta adecuada en situaciones de aislamiento social es muy difícil.
Comer
solo es desagradable para la mayoría, pues por costumbre es un acontecimiento
social y/o familiar. Y también es algo frustrante "cocinar
para uno sólo".
Esto
además puede combinarse con algún impedimento físico para ir solo
a comprar los alimentos, o para estar solo en la cocina.
A
menudo la combinación de una o varias de estas circunstancias, redunda
en dietas desequilibradas, que no cubren los requerimientos energéticos-nutricionales.
El
otro problema, la depresión, se origina y acompaña de sensación
de pérdida de productividad, de movilidad y de imagen corporal,
suponiendo un importante obstáculo para continuar con la vida normal.
En
una dieta para ancianos se debe asegurar una buena disponibilidad
de nutrientes, unas preparaciones culinarias agradables y un entorno
físico acogedor y sin tensiones.
Nº de comidas diarias:
En
esta etapa es cuando más debe controlarse el número de comidas,
pues el Metabolismo Basal y el Gasto Energético por Actividad son
mínimos. Sin embargo el organismo sigue aferrándose a las costumbres
alimentarias que tuvo toda su vida.
Una
persona de 3ª edad no debiera ingerir más de 3 comidas diarias.
Una
persona mayor tiene menos requerimientos energéticos que un adulto
promedio, y por ello debe consumir menor cantidad de calorías.
Prohibición de alimentos:
Esta
circunstancia sólo es aceptable para determinadas patologías. En
una persona mayor relativamente sana, es absurda tal indicación,
sin embargo algunos terapeutas continúan indicando una reducción
de determinados nutrientes, como por ejemplo las bebidas alcohólicas.
Lo que más importa es el valor calórico
total de la dieta, y no su composición cualitativa. La excepción
a este criterio, sólo está justificada si existe una patología específica.
ALIMENTACIÓN
Y PRÁCTICA DEPORTIVA
Si
bien la conciencia sobre los beneficios del deporte en el cuidado
de la salud está creciendo como nunca antes en la historia, ubicado
en perspectiva, este crecimiento absoluto es insignificante comparado
con el crecimiento logarítmico de las actividades cada vez más sedentarias
y el incremento real de la población mundial.
Concretamente
no se vislumbran hipótesis que reviertan esta tendencia, por el
contrario todo indica una profundización de las características
sedentarias.
La
aproximación pragmática a esta realidad, es la única válida.
La
Alimentación del Deportista es un tema extenso y complejo, habiendo
excelentes Web-Sites dedicados especialmente a ella.
La
Obesidad, patología más difundida y rebelde del mundo, es un tema
más amplio aún, y aunque tenemos concreta relación con la Nutrición
Deportiva, ésta excede nuestra incumbencia.
Tenemos
un profundo respeto por la Medicina Deportiva, y aún contando en
nuestro equipo con un especialista en ella, sólo haremos un breve
desarrollo de los conceptos básicos de la Nutrición Deportiva, con
el único fin de proveer una información general, pues obviamente
un deportista debe ser guiado por quienes, merced a su exclusiva
dedicación, poseen los conocimientos íntimos de esta “súper especialidad”.
Infelizmente la ética está perdiéndose en la medicina, como en todos los
ámbitos, y sobre todo en la Web, donde “cualquiera da cátedra de cualquier
cosa”.
Nosotros
mantenemos la estricta ética universitaria, y en este capítulo como
en todos, sólo profundizamos en lo que sabemos.
Cuando
se relaciona "alimentación y deporte", lo primero que
suele venir a nuestra mente es pensar
en comer lo mejor posible para así desarrollar una actividad extra
sin sufrir agotamiento físico. Sin embargo esto está lejos de ser
tan sencillo.
La
alimentación y el deporte deben recorrer juntos un largo camino
para llegar a un “podio”, o simplemente para mejorar el rendimiento.
No
todos los deportes llevan asociado el mismo tipo de alimentación.
Se
deben hacer diferencias según el tipo de actividad que conllevan
distintos tipos de metabolismos energéticos: anaeróbico aláctico, anaeróbico
láctico, o aeróbico; las características del deportista, la etapa del entrenamiento,
etc..
La
alimentación del deportista, aparte de cubrir los requerimientos
basales del organismo, debe cubrir los
derivados del deporte específico.
Cuando
se practica un deporte con cierta intensidad, el metabolismo tiene
que adaptarse a la nueva situación, y las necesidades de nutrientes
cambian significativamente.
Una
de las características diferenciales más obvias es la pérdida de
líquidos a través del sudor.
Este
es un mecanismo natural para equilibrar la temperatura corporal.
La
cantidad de agua que se llega a perder puede ser lo suficientemente
importante como para llegar a la deshidratación, si no se actúa
correctamente.
La
reposición de líquidos debe ser una de las principales preocupaciones
de los deportistas.
La
sudoración supone no sólo la pérdida de agua sino también de diferentes
electrolitos (cloro, sodio, potasio, calcio, magnesio etc.).
Por
lo tanto, la reposición hídrica no puede sólo consistir en reponer
agua, sino que además debe reponerse el resto de los electrolitos
perdidos, cuya misión dentro de la actividad deportiva es determinante.
Toda
persona que practique deportes, como aficionado o en la alta competencia,
debe ser muy cuidadosa con su equilibrio hidro-electrolítico.
Para
esto es importante conocer y respetar las RDA (Recomendaciones Dietéticas
Aconsejadas) para cada mineral.
Es difícil para alguien que practique
deportes regularmente, controlar estos requerimientos diferenciales
sólo con una prescripción dietaria sin suplementos de minerales
y vitaminas, y pragmáticamente imposible para un deportista de alta
competencia.
Las
conductas naturistas anti-suplementos, son definitivamente ridículas
en la alta competencia, y lo mismo puede decirse de este criterio
para la práctica deportiva de aficionados, pues estas personas sólo
se diferencian de los deportistas profesionales en la frecuencia
y continuidad de las actividades, e incluso por su inferior condición
física, durante el acto deportivo pueden realizar un esfuerzo proporcionalmente
superior al del deportista profesional.
Es
ilógico pretender que una alimentación estándar para nuestra especie,
sea suficiente, cuali y cuantitativamente, para los requerimientos
deportivos de la alta competencia.
Por
lo tanto el aporte de suplementos nutricionales y farmacológicos,
es aún más importante en las personas que practican deportes con
poca regularidad, que en los deportistas de competencia, pues son
más susceptibles a las alteraciones fisiológicas que estas actividades
ocasionan.
Hidratos
de Carbono:
Constituyen
la principal fuente de energía para el organismo, genéticamente
predeterminada.
Para
descomponer una molécula de glucógeno (macromolécula de glucosa
para rápida utilización) se requiere poca energía siendo el metabolismo
más eficiente (esto no ocurre con lípidos y proteínas).
Los
glúcidos se almacenan en forma de glucógeno en el músculo y el hígado.
Sin
embargo la capacidad de almacenamiento es pequeña y, por lo tanto
se agotan rápidamente. El glucógeno de los músculos nunca dura más de 30 minutos de actividad
constante.
Estas
2 "despensas" orgánicas de glucógeno, el hígado y el tejido
muscular, tienen funciones diferentes:
*
El glucógeno del hígado está fundamentalmente destinado a
regular la concentración de glucosa en sangre, básica para
el equilibrio funcional del cerebro que depende de una provisión
constante de ella.
*
El glucógeno muscular abastece el trabajo muscular,
siendo su fuente primaria de energía.
Aumentar
la capacidad de estas reservas, es uno de los principales objetivos
en el entrenamiento deportivo.
En
la etapa pre-competitiva inmediata, este proceso se denomina "carga de glucógeno",
y se consigue mediante la manipulación dietética (con o sin suplementos)
sumada al entrenamiento.
Pueden
lograrse incrementos de hasta un 40% de las reservas de glucógeno.
Genéricamente
en el deportista se aconseja que entre un 50 al 70% de las calorías consumidas diariamente, procedan de los hidratos de
carbono.
En
el diseño dietario, por supuesto debe tenerse en cuenta que muchos
hidratos de carbono no son digeribles (celulosa, hemicelulosa, pectina),
que son los que generalmente se encuentran en las capas externas
de los cereales, y algunas frutas y verduras.
Proteínas:
Las
proteínas son fundamentales en las etapas de entrenamiento que se
busca hipertrofia (crecimiento) muscular. Allí se requieren como
mínimo 2 gr. por Kg. de peso corporal por día, siendo lo más aconsejable y práctico, utilizar los
múltiples suplementos proteicos disponibles en el mercado, para
de esta forma incorporar “proteínas puras”, sin asociación con otros
macro nutrientes tal como se encuentran en estado natural, y de
esta manera no sumar más calorías que las provenientes de las proteínas
mismas.
En
el resto de las etapas, sólo cumplir con las RDA suele ser suficiente.
Siempre
es importante conocer el valor biológico de las proteínas, para
llevar a cabo una buena selección.
Este
valor está determinado por el porcentaje de aminoácidos esenciales
que contengan.
Grasas:
Son
menos rentables energéticamente que los hidratos de carbono pero
tienen mayor disponibilidad absoluta, debido a que el organismo
dispone de una gran reserva.
Son
el mejor combustible en pruebas deportivas de larga duración, ya
que a partir de los 25 ó 30 minutos de actividad constante, pasan a
representar prácticamente el único combustible disponible.
La
energía procedente de los lípidos se utiliza una vez agotada la
procedente del glucógeno (ocurre entre los 25 a 30 minutos de iniciado
el trabajo, según la actividad y el estado físico de la persona).
Están
almacenadas en el tejido adiposo en forma de triglicéridos (moléculas
compuestas por ésteres de glicerol y 3 moléculas de ácido graso).
No
se recomienda que las grasas superen el 20%
de la ingesta energética diaria,
excepto en los deportes de resistencia, en los que puede llegarse
al 35%.
Una
dieta rica en grasas, a través de múltiples mecanismos fisiológicos,
disminuye la capacidad de almacenamiento de glucógeno y sus depósitos,
con una consecuente disminución de la potencia muscular.
Generalidades:
Una
dieta equilibrada es adecuada tanto en energía como en macro y micro
nutrientes.
Pero
es importante aclarar que las RDA están establecidas en base a actividades
bastantes sedentarias, por lo que si un individuo decide practicar
deportes, no puede regirse por las estimaciones internacionales
promedio, siendo lo más correcto que consulte a un equipo profesional capacitado
en Medicina del Deporte.
La
actividad física y deportiva, son probablemente las acciones más
beneficiosas sobre la salud y la expectativa de vida que puedan
realizarse, pero no deben ser tomadas a la ligera.
Un niño de 10 años no debe consultar a
su médico para jugar al fútbol con sus amigos, un adulto de 40 años,
sí. El deporte debe constituir un beneficio par la vida y no un riesgo.
Una
persona de 40 años que no ha practicado deportes, o que haya pasado
un largo tiempo sin hacerlo, no debe iniciarlo sin una orientación
médico-deportiva.
Aún
siendo que esta decisión será una de las mejores que pueda tomar
para su salud, debe tener en cuenta que ya no es un niño de 10 años.
Una
alimentación correcta para la práctica deportiva, requiere de un
razonable conocimiento nutricional; y el deportista debe estar predispuesto
a darle prioridad a ese conocimiento.
Es
muy importante tener en cuenta las características individuales
del deportista, el tipo de deporte, y el momento en relación a la
prueba.
Una dieta no es la misma para un corredor de fondo que para un tenista,
para un varón o una mujer, para un adolescente o un adulto.
La
edad, las condiciones previas y la actividad elegida, determinarán
parámetros dietéticos muy distintos.
Los
profesionales en entrenamiento deportivo conocen perfectamente las
diferencias dietéticas, que son marcadas y específicas para cada
deporte y momento deportivo.
Y
tan importante como la dieta previa a la actividad, es la posterior
de recuperación.
En
el diseño de estas dietas siempre se debe considerar las preferencias
y hábitos individuales.
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